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‘El día que supe que la plaza era mía’ (XVI) | La solicitud de Lourdes

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Lourdes Ruiz se presentaba en 2019 por la especialidad de Inglés por primera vez. Ya se había presentado otros años por la especialidad Infantil; pero no fue hasta que apostó por el idioma cuando consiguió su plaza gracias a un 9,4 en sus oposiciones.

Siempre tuvo claro que quería ser maestra y que las oposiciones eran el camino». «Una carrera de fondo hasta conseguirlo, me costara los años que me costara», afirma. La vocación y capacidad de sacrificio de Lourdes, de esta forma, han tenido un peso especial para entender su consecución. «No soy de Granada, hace unos años venía de Jaén todos los jueves, daba la clase y me volvía».

Mientras se acostumbraba a los frutos de su sacrificio -Lourdes, poco después de conseguir la plaza, estaba instalada en esa incredulidad propia del nuevo funcionario-, nos contaba que Tecnoszubia le llegó en un momento en el que necesitaba «A alguien que estuviera totalmente actualizado,  que me fuese guiando y corrigiendo, que me dijera por aquí sí y por aquí no. La oposiciones no son solo estudiarse el tema, eso no te asegura nada; para mí ha sido fundamental su metodología y materiales».

Cuando se refiere a la metodología, Lourdes habla del hecho de que en Tecnoszubia, en la especialidad de Inglés, se juntaran, en el año 2019, tres preparadores. «Cada uno especializado en un aspecto; además, se complementaban bien, algo muy positivo», opina.

La solicitud

Para muchos de los alumnos, hubo un punto de inflexión en el que comenzaron a sentirse maestros con plaza. Para Lourdes, ese momento en el que supo que una plaza sería suya llegó el día en el que tuvo que echar la solicitud para acceder al examen de sus oposiciones. «Antes de echar la solicitud, nuestro preparador, Jose, nos dijo:  «Cuando la guardéis en vuestro ordenador, ponedle como título ‘La solicitud con la que me saqué la plaza’. Ahí, en ese momento, algo me dijo que una plaza iba a ser para mí».

 

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«El día que supe que la plaza era mía» (XIII) | Lorena, hacia la excelencia

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«¡Ha sido un trauma!», dice Lorena, entre risas, cuando comienza la entrevista. Lorena Martín, exopositora de Educación Física y nueva funcionaria, ha rozado la excelencia; tras una rutina de «8 y 10 horas al día de estudio», ha conseguido un 9,84 en las oposiciones.

Ahora, la granadina reconoce sentirse «muy satisfecha». «Después de tanto años de preparación…considero que las oposiciones son algo muy complicado; después de conseguir este resultado, estoy muy contenta después de tres convocatorias».  Cuando llegó el momento de conocer la nota, Lorena reconoce que todo lo que sintió conformó «el día más feliz de su vida».

«Expertos en el camino»; la importancia del preparador

Gabriel Ropero, su preparador, fue uno de los motivos por los que Lorena se matriculó en Tecnoszubia. De hecho, ya le habían hablado de él.

«Sí, me habían hablado muy bien de Gabriel Ropero. Me ha dado siempre mucha confianza. La academia tiene muchísima experiencia, por eso he confiado en vosotros. El papel de una academia es fundamental; están muy actualizados, tenéis expertos en este camino, un camino muy duro. Nos han enseñado, por ejemplo, a afrontar los temas añadiéndole un toque de calidad; también nos han dado unas nociones para los supuestos…», concluye.

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Ciudades del Aprendizaje: 5 + 1 zonas del mundo galardonadas por la UNESCO

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A finales del mes de septiembre, la UNESCO otorgó el premio Ciudades del Aprendizaje 2019 a 10 zonas de todo el mundo. Fue en Medellín (Colombia), en la víspera de la cuarta Conferencia Internacional. Desde Chendgu, en China, hasta Asuán, en Egipto: te presentamos una serie de ciudades que se han apoyado en la educación para combatir lacras como la violencia o la pobreza.

Medellín

El alcalde de Medellín recibió el galardón declarando que «sólo la educación puede reducir las brechas sociales». Tal y como argumenta la UNESCO en su web oficial, «en Medellín se han implementado recientemente algunos programas innovadores, como por ejemplo el que ayuda a que 7.000 alumnos que han abandonado la escuela sean reintegrados con éxitos al sistema escolar al ocuparse de cada uno de ellos individualmente».

Ibadan

La ciudad de Ibadan, en Nigeria, inició hace un tiempo un festival del aprendizaje que propone actividades y talleres interactivos. Una celebración de la educación que ha tenido como recompensa el reconocimiento de la UNESCO; su gobernador,  Oluseyi Abiodun Makinde, «se esfuerza continuamente para integrar el ideal de educación inclusiva en Ibadan», aclara el organismo.

Chengdu

Un conjunto de itinerarios de visitas a pie a lo largo de la ciudad, cada uno con un tema diferente y orientados todos al aprendizaje, se ha ganado el premio de la UNESCO por la gestión inteligente de recursos. Xianyi Zhou,  del Gobierno Municipal de Chengdu, opina que su ciudad “cree firmemente que el aprendizaje hace que la vida sea mucho mejor y la ciudad mucho más fuerte”.

Asuán

Jardinería, preservación del agua de las escuelas o cursos de educación financiera. En Asuán han innovado en educación y se han convertido en una potencia egipcia en este sentido. El gobernador de la ciudad reconoce, en palabras para la UNESCO, tener la necesidad de «vincular la ciudad la educación con las necesidades reales de la sociedad». Algo que, en su país, por desgracia no es la norma.

Santiago

En una zona acuciada por la pobreza y la violencia, la educación en Santiago emerge como un rayo de esperanza. Desde la ciudad proporcionan una amplia variedad de cursos gratuitos: desde robótica hasta una especie de ética que pone en el foco en la violencia: “Nuestra misión y nuestra visión consisten en promover el aprendizaje en tanto que principio rector de nuestra acción municipal”, explican desde el Gobierno de la ciudad.

Seodaemun-gu

Las particularidades de esta ciudad de la República de Corea, con poco espacio, pero llena de rascacielos y pequeños apartamentos, ha propiciado una de las iniciativas educativas más interesantes de la lista. Auspiciadas por vecinos y miembros del Ayuntamiento de la ciudad, se han creado pequeñas comunidades de aprendizaje -que suponen más de 50 cursos al año-, en las salas de estar de los ciudadanos. “Seguiremos proporcionando programas de aprendizaje que respondan a las normas internacionales para mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos”, explica para UNESCO Sr. Seok-Jin Mun, Alcalde de la ciudad.

Mucho más…

En este enlace puedes acceder a toda la información sobre el resto de galardonadas en los premios Ciudades del Aprendizaje. 

 

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«El día que supe que la plaza era mía» (VII) | Cuando Gádor aprendió a exponer

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Su pasión por los niños y la certeza de que se aproximaba una convocatoria histórica le hicieron decidirse: su futuro estaba en la educación pública. La aventura de Gádor en las oposiciones de Audición y Lenguaje comenzó hace un año y ha estado marcada por la exigencia y la superación; para conseguir su plaza con una media de 8,6, Gádor tuvo que vencer sus reticencias a la hora de exponer, pero también ha aprendido a llevar sus capacidades al límite. «Estar en una academia me ha permitido exigirme más;  estar con compañeros muy buenos, con muchos años de servicio…te obliga a superarte y a aprender a llamar la atención del tribunal de nuevas formas», afirma.

Ser original en las exposiciones es algo que Gádor ha trabajado desde el primer momento, cuando todavía «le costaba salir voluntaria». «Hicimos muchísimas exposiciones, algo que me vino muy bien para aprender a desenvolverme».

Aprender a desenvolverse…también en el día a día

En la Universidad, un profesor le recomendó que probara suerte en Tecnoszubia; un consejo que a Gádor le cambiaría la vida. Nuestra alumna nos cuenta ahora que se va feliz con la formación recibida; sobre todo porque, más allá de lo básico, ha aprendido una serie de pautas que le van a ayudar durante estos días, en los que ha comenzado sus prácticas como maestra de Audición y Lenguaje. «Estoy muy feliz, he aprendido mucho, ya no solo de la oposición, sino pautas que me van a servir cuando me incorpore en septiembre. Me han enseñado a trabajar, por ejemplo, la forma de llevar los supuestos…la forma de trabajar en un colegio. No es solo oposición, sino día a día».

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«El día que supe que la plaza era mía» (VI) | Rocío León ya es maestra con plaza

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Ninguna de las dificultades que ha experimentado a lo largo de su vida han doblegado su voluntad. No lo consiguió aquel tribunal que le transmitió que no valía para la docencia. Tampoco aquellos que le acosaron durante sus años de instituto. Rocío León es la primera persona con discapacidad intelectual en conseguir, mediante oposición, una plaza como maestra; su relato, poético y reivindicativo, hoy atrae las miradas de medios como Canal Sur e Ideal.  

Ella fue la protagonista del segundo episodio de ‘Historias de nuestras aulas’, donde contábamos su historia en profundidad. Una historia de amor por una vocación, de fortaleza, pero también de comunión con una academia, con unas preparadoras. Te recomendamos que lo leas para profundizar en su camino.

Entrevista a Rocío León, primera maestra con discapacidad intelectual en conseguir plaza.

El corazón de una academia

Tras conseguir la plaza, Rocío recuerda que la motivación para ser maestra, la tuvo «desde chiqutilla«.  «Yo me ponía a jugar con mis peluches, les enseñaba…tenía la vocación. Estudié Primaria y Psicopedagogía, y cuando estudié Psicopedagogía, me di cuenta de que me gustaba mas la especialidad de Pedagogía Terapeutica: he cuidado a un niño autista, he sido catequista…».

Se enteró de que tenía plaza el día del santo de su madre, uno de los pilares de su vida. «El día anterior parecía la noche de San Juan; se me hizo la tarde super larga, no dormí nada, la noche en vela…¡lo que Dios quiera será!, -pensaba-. Y cuando me dieron la nota,  vi que tenía plaza, que había conseguido mi sueño… En ese momento el santo de mi madre pasó a un segundo plano» -bromea-.

Con una sonrisa en la cara, no se cansa de agradecer. ¿Las más aplaudidas? Sus preparadoras, claro; «La dinámica de las clases y la metodología está muy bien, exámenes, supuestos…las preparadoras te exigen y se comprometen: el plan de apoyo se lo entregaba a mi preparadora y al día siguiente ya lo tenía corregido. He tenido a Ana e Isa, las dos siguen la misma metodología, pero son dos puntos de vista diferntes, siempre están al pie del cañon. Y siempre, además, motivando con amor y cariño».

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«Siempre he pensado que los demás me dan mil vueltas, que no tengo experiencia, que lo mío ha sido suerte»

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Todo iba sobre ruedas: si hubiera un manual del buen opositor, este le copiaría parte de sus argumentos a Plumita Verde.


Plumita_Verde es el perfil de Instagram donde una asturiana de 27 años ha documentado varios años de estudio y esfuerzo. Allí, tiene 11.500 seguidores y un reguero de fotos de subrayadores, estuches, agendas y apuntes ordenados con pulcritud; sin embargo, su cuenta es mucho más que una oda al bodegón del opositor.

Prefiere no dar su nombre real, pero un análisis rápido de su perfil es suficiente para intuir cómo es la persona que hay detrás; una aspirante luchadora, metódica y constante. Lo observamos en el contenido que ha ido subiendo durante estos años; publicaciones y pies de foto a través de los que ha ido relatando un proceso que ha culminado, durante las oposiciones de 2019, en la consecución de su sueñoSí, Plumita Verde ya es maestra de Primaria con plaza.

Y pese a todo, hoy siente que el éxito no le pertenece. Que todo lo ha conseguido por la divina incidencia de la suerte. Que sus compañeros se lo merecen más. Tiene un trastorno cada vez más habitual: el síndrome del impostor.


[Pregunta] ¿Puedes recordar tus comienzos en el mundo de las oposiciones?

[Respuesta]  Mi andadura por las oposiciones empezó en 2014 como algo natural y ligado a la carrera de magisterio: en mi cabeza no existía otra salida. El primer año, convocatoria de 2015, lo compaginé con un máster y se me hizo dificilísimo intentar seguir un ritmo de estudio, siempre priorizaba otras cosas como el TFM. Llegó el examen y llevaba estudiados muy poquitos temas, pero tuve suerte y uno de ellos estaba entre los que salió, así que logré aprobar y, con ello, entrar en bolsa y trabajar. Pero no me servía con eso, yo quería mi plaza; una estabilidad económica y dedicarme a aquello que me apasiona. Así que en 2016 tocó presentarme por la especialidad de Orientación. Esta vez dedicada al 100% al estudio porque la bolsa subía pero mi número no llegaba. Me esforcé, pero algo me decía en la cabeza que no lo estaba haciendo bien, que seguro que podría hacer más y que habría personas haciéndolo mejor que yo.

[P] ¿Qué pasaba por tu cabeza en ese momento?

[R] En ese momento, tenía la idea de que si salía mal el examen iba a defraudar a mi familia. Fui al examen con muchísimos temas estudiados, pero no todos. Llevaba más del 70% del temario, las posibilidades de que me saliese una bola buena eran altísimas. Pero no salió y, aún así, conseguí aprobar el examen porque tenía una base de otros temas y de legislación. Con todo, mi sentimiento fue de no merecerlo. ¿Cuántas personas habrían hecho el examen bien, habiéndose estudiado ese tema y no lo habían sacado?  Y yo…¡No me lo merecía! Había sido suerte. ¿Se repetiría en la siguiente?, -pensaba-.

[P] Continuaste con tu formación…¿Se convirtió ese pensamiento en algo recurrente?

[R] En 2017 no hubo opos y en 2018 se repitieron las de Orientación. Esta vez tocó compaginar con una media jornada en un colegio que me hizo sentir que lo que realmente quería era el magisterio. Ese año me volví a esforzar mucho. Llegué al examen y, de nuevo, aprobé. De las personas que tenía alrededor fui la que mayor nota saqué y, bajo mi punto de vista, la que peor haría el trabajo porque tenía menos experiencia. Otra vez esos pensamientos en mi cabeza: no me lo merecía. Una amiga mía, psicóloga, con experiencia, más madura, con más base… se lo merecía más. Y, como ella, otras amigas más. Yo solo había tenido suerte.

[P] Llega el año 2019 y consigues, por fin, la plaza.

[R] Así es. Desde un principio en mi cabeza se asomó la idea de que este año era el definitivo: ya tenía algo de baremo y experiencia enfrentándome al examen, pero siempre apartaba ese pensamiento; pensaba, de nuevo, que yo no tenía experiencia suficiente, que hay gente que me daba mil vueltas. El año fue horrible. Mi rutina en el trabajo no estaba siendo exactamente buena. A veces eso ocurre. Hay personas que creen que por ser funcionarios de carrera son más que los interinos, o que por ser más mayores son mejores, o que tener más experiencia les da derecho a no tomarte en serio. Un año entero conviviendo con eso, día a día, supuso muchas dificultades a la hora de estudiar la oposición. Una ansiedad que me acompañaba en cada momento. Esa sensación de no servir para aquello por lo que estaba luchando, volvía, esta vez motivada por alguien externo.

[P] ¿Te planteaste abandonar?

[R] ¿Abandonar? Sí, esta vez me vino una y otra vez a la cabeza. En momentos puntuales, en momentos en los que el cansancio se apoderaba de mí y hablaba más él que yo.

[P] ¿Recuerdas cómo fue el día del examen?

[R] Salí del teórico pensando que había hecho un desastre. Fui a leerlo y seguí pensando que era un desastre. Y no solo no fue así, sino que saqué un 9. Mi reacción durante las dos primeras horas fue pensar que se habían equivocado. Lo comprobé mil veces porque pensaba que no… que no podía ser verdad. Llegó el práctico, me tocó de las últimas, así que tenía tiempo para preparar las cosas. El día de la defensa conocí a los compañeros del tribunal, que también habían aprobado y jolín, mayores, más jóvenes, con grandes carpetas, con maletas… Intentaba imaginar de qué harían la programación, de dónde vendrían… Establecimos conversación y conocí a gente con mucha vocación, gente con grandes ideas y experiencias. Sin duda, se merecían la plaza.


Salí de la defensa contenta, pensando que no llegaría a la plaza, pero al menos conseguiría subir en la lista. Salen las notas nuevamente: tengo otro 9. Mi reacción en parte fue pensar que había tenido suerte por ser de las últimas, suerte porque en mi tribunal les gustaba mi metodología y suerte porque sí. Ahora quedaba saber si optaba a plaza.  Y la saqué. Pero mi amiga no. Y ahí empecé otra vez: «Ella había estudiado más, ella se había esforzado más, ella sabía más, ella tiene más experiencia»… A día de hoy, pienso que el proceso es injusto y que se necesita una pizca de suerte, pero que me lo he trabajado y que me lo he merecido.

[PAhora, que estás de maestra en prácticas, es cuando le has puesto nombre a todos aquellos pensamientos intrusivos…¿estás siguiendo algún método concreto para superarlo?

[R] Sí, porque todo esto me sigue ocurriendo. Llego al colegio como funcionaria en prácticas y me da apuro decirlo porque veo interinos mayores y con más experiencia que yo. Días después leo en un perfil de Instagram lo que es el síndrome del impostor y veo que cuadra bastante con ese sentimiento de no merecer lo bueno que había conseguido. Hace dos semanas que he conocido lo que es el síndrome, por lo que apenas me ha dado tiempo a pensar. Por una parte, supongo que también le he restado importancia como si no fuera algo malo. Yo creo que parte de una autoestima dañada y es algo en lo que este año me estoy proponiendo trabajar, empezar a creer en mí, en mis posibilidades y a quererme más. ¿Cómo? Buscando ayuda. Y ahora que lo pienso sí que puedo acordarme de otros momentos en los que he sentido: las buenas notas en el
instituto, las de la carrera… siempre les restaba importancia, como si no fueran el resultado de un esfuerzo y trabajo.

 

[P] ¿Como te sientes en tu puesto actual?

[R] Sé que suena raro, pero es como si no lo hubiese asimilado. En mi oposición, con la plaza consigues una consolidación de tu trabajo y poder quedarte en un centro de referencia a partir del año de prácticas. Así que este año realmente sigue la dinámica que he seguido los años que he trabajado: colegio nuevo, ser de las últimas en elegir, conocer compañeros y compañeras, niños y niñas y, también, tener bastante claro que el año que viene estaré en otro centro, ya que nos toca concurso de traslados.

Estoy feliz porque me encanta mi profesión y noto el descanso de no tener que llegar a casa y estar preocupada estudiando los temas y teniendo el agobio de compaginarlo todo. Pero, por otra parte, no noto esa diferencia. Eso lo hemos hablado en el cole estos últimos días y muchas compañeras decían que ellas no habían sentido ese «descanso» o «felicidad total» hasta por lo menos dos años después cuando ya estaban asentadas

 


[P] Sobre Plumita Verde, tu cuenta de Instagram; ¿ha supuesto un plus de ansiedad o te ha servido realmente para desconectar?

[R] Mi cuenta de Instagram ha sido algo positivo siempre. Me ha ayudado a estar acompañada en el proceso de opositar, ya de por sí solitario. Es verdad que en el 2018, la primera vez que me presenté al examen teniendo la cuenta, se me pasaba por la cabeza que si suspendía decepcionaría a mucha gente y me generaba un nerviosismo extra. Pero llegó un momento en el que entendí que la comunidad que hemos formado es tan positiva que me hubiesen trasmitido cariño y no decepción. Así que no lo cambiaría por nada; creo que esta cuenta ha sido una de mis grandes herramientas para conseguir mi meta.

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«El día que supe que la plaza era mía» (V) | «Es importante que te corrijan los bulos que salen en Internet»

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Manuel Espinosa llega a la entrevista eufórico; luce una llamativa camisa blanca y no para de reír. Desde el principio nos habla de la docencia como de su vocación: «Siempre tuve muy claro que me quería dedicar a ello, desde que terminé la carrera. Estuve haciendo un máster el año pasado y quería estar en la educación publica: creo que es el futuro». Ahora, para él, es el presente: durante estos días comienza sus prácticas como maestro de Francés.

«El día más feliz de mi vida»

Ha obtenido plaza en francés sacando un 8,37 de media. Y no se anda con ambages para describir lo que sintió cuando le comunicaron que era funcionario en prácticas: «Aún no me lo creo, ha sido un año muy difícil, muchas idas y venidas. La familia, amigos…todos estaban muy contentos, cuando vi la plaza hubo un cúmulo de risas, llantos, los pelos de punta, frío y calor, revisar si lo has visto bien o te has equivocado…fue el días mas feliz de mi vida».

Se lo ha sacado a la primera, tras un año de estudio en el que ha sido consciente de la necesidad de estar en una academia para opositar. Ya lo intuía cuando decidió matricularse: «Vine a Tecnoszubia porque tenía familiares y amigos que no paraban de recomendármela». Y se terminó dando cuenta de que, más allá de la retroalimentación y de esas directrices que puedan ofrecer los docentes de Tecnoszubia, el opositor tiene que luchar, junto con los preparadores, contra una lacra especialmente dañina para el proceso: «los bulos de Internet: hay que saber qué es verdad y qué no».

¿Un correo el día 1 de enero?

Manuel habla maravillas de sus dos preparadores de la especialidad de Francés, Juana y Manolo: «La capacidad que tienen para transmitir calma…es muy importante tenerlos ahí. Además, siempre han sabido meternos caña, la metodología ha sido muy buena».

Para muestra de su importancia, narra una anécdota con uno de ellos; «Era el día de año nuevo, por la mañana, en uno de esos días en los que parece que no existiera el mundo. Y pese a todo, Manolo nos envió un correo a todos y a mi me corrigió un ejercicio…algo que me motivó el doble. Observarlo al pie del cañón ese día me hizo ver que no estaba solo;  supe que la plaza iba a ser mía».

 

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«El día que supe que la plaza era mía» (IV) | La constancia de Montserrat

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La cabecera de Aspirantes se inspira en la naturaleza del proceso de opositar; la pendiente varía según el opositor y sus circunstancias, pero la montaña siempre está ahí.

Si bien algunos de nuestros alumnos aprueban con plaza en su primer año, ya sea por sus capacidades o por las facilidades que les pueda otorgar su situación, un buen número de estos encuentra en las oposiciones un trayecto largo, difícil, que se extiende durante años. Montserrat Cappa, flamante maestra con plaza de la especialidad de Primaria, comenzó a prepararse en 2007; tras cuatro convocatorias, este año lo ha conseguido.

Doce años de esfuerzo

Desde niña, Montse asumió el rol de docente. «Era una niña cuando jugaba a los maestros; ¡yo siempre quería ser la maestra y que ellos fueran los alumnos!», recuerda. Después llegaría la carrera, varios trabajos en guarderías que no le terminaron de convencer y, en 2008, sus primeras oposiciones. «Y a partir de ahí una y otra vez hasta que lo conseguí», subraya. «Una vez y otra vez» hasta que en 2019 ha sacado un 9,27 en la nota global; la constancia de esta aspirante, descrita por ella con humildad, tiene doble mérito: doce años sin abandonar la carrera de las oposiciones; doce años de constancia y esfuerzo.

Juan Manuel, su preparador de la especialidad de Primaria, ha sido pieza clave para que esto sea así. «Me parece un preparador motivador y positivo; aunque estés en un momento de bajón no te deja que te retires«. Una capacidad, la de estimular y motivar al alumno por parte de Juan Manuel, que no ha sido la única razón por la que Montse ha salido satisfecha de sus años de preparación en la academia. «Es imprescindible estar en una academia que te mantenga al día de todos los cambios; hay personas que pueden sacarlo por sí solas, pero yo necesitaba a alguien que me exigiera; además, que me avisara de las novedades. Donde mejor te puedes informar de lo que va saliendo en tus oposiciones es en una academia. Siempre irás más segura si te preparas aquí».

Montse y el karma

Llegó julio y Montse había hecho todo lo que estaba en su mano. «Vi mis progresos; aumenté mi confianza, mi seguridad». Salieron las listas de aprobados con plaza y los resultados, tras tanto trabajo, llegaron. «Eufórica», lo celebró sin saber qué hacer: «reír, saltar o llorar». Un momento que nunca va a olvidar que no es más que el fruto de una filosofía que siempre ha llevado a rajatabla. «Cuando una persona quiere opositar debe ser consciente de la fuerza de voluntad que necesita; tienes que hacer una serie de sacrificios, pero merece la pena. El universo te devolverá todo aquello que tu le des; si sigues un año y otro año no hay que venirse abajo; al final te lo va a devolver».

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«El día que supe que la plaza era mía» | Las historias detrás de las protagonistas (I)

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Esta semana, desde Tecnoszubia Oposiciones hemos lanzado el corte El día que supe que la plaza era mía. En él seleccionamos una serie de relatos de alumnos de nuestra academia que describen cómo fue ese momento en el comenzaron a ver su sueño cumplido. Una pieza sin guion, espontánea, a través de la que queríamos comunicar la importancia de sentirse arropado en medio de unas oposiciones. Un vídeo que transmite cuál es el activo más importante de nuestro centro: las personas; alumnos; trabajadores; preparadores.

En los próximos artículos desgranaremos las historias detrás de los protagonistas del vídeo y de aquellos que, por motivos de espacio, se han quedado fuera. Esta semana, Ana Vega, Cristina Garrido y Minerva Vida.


 

Ana Vega: «…Y aparece el tribunal…»

Son las 09.30h de la mañana de un lunes de agosto y una serie de alumnos que se han ofrecido para ceder su relato comienzan a llegar a la academia. Sin trampa ni cartón, deciden ponerse frente a los focos, de forma altruista, para compartir la noticia que les ha cambiado la vida: hace menos de una semana que han visto su nombre en las listas de seleccionados con plaza de las oposiciones de maestros. Son nuevos funcionarios docentes.

A todos los aspirantes se les notaba la alegría. Pero, más allá, la energía de Ana Vega era descomunal. Una energía que ha sido la nota predominante durante su trayectoria como opositora de la especialidad de Inglés: ha conseguido ser la segunda nota más alta de su tribunal compaginando su preparación, gracias a la modalidad online de Tecnoszubia Oposiciones, con las obligaciones propias de una madre joven. Y como madre joven, las aventuras con su hijo se suceden en la entrevista.

De igual forma, nos cuenta cómo fue uno de los puntos de inflexión de su preparación. Fue justo antes de exponer, cuando a Daniel, uno de sus preparadores, le enseñó lo que tenía preparado. «Diseñé un esquema para pizarra que, al terminar de unir sus puntos, formaba un dragón; Daniel opinó que, con esto, y teniendo en cuenta cómo me fue el primer examen, la plaza sería mía», recuerda.

Cristina Garrido: «Mis preparadores de Tecnoszubia Oposiciones llegaron a creer más en mí que yo»

Ya tiene su plaza como maestra de Francés, pero Cristina Garrido no esperaba haberla conseguido en su primer año. Consciente de su dificultad, reconoce que lo veía «muy difícil», pero conforme avanzaba en su preparación lo vio «cada vez más claro».

En el vídeo Cristina nos cuenta una anécdota que transcurre después de su examen teórico. «Manolo y Juana estuvieron conmigo hasta el último día viéndome exponer; a mí me dieron hasta tres citas. Les expuse, me dieron la enhorabuena y ese día yo vi en la cara de Juana que la plaza sí que podía ser para mí. ¿Por qué no? Mis preparadores de Tecnoszubia Oposiciones llegaron a creer más en mí que yo, algo que luego se ve reflejado en el examen, ayuda mucho».

Minerva Vida: «¡Ya soy maestra!

Los nervios que Minerva manifiesta durante la entrevista no tardan en desaparecer cuando comienza a narrar su hazaña: un 8,3 en la especialidad de Francés, plaza en su primer año de preparación. Un «reto personal» que ha cumplido antes de lo que nunca imaginó.

En la misma línea de Cristina, a Minerva le hizo «sentir segura» el feedback constante con uno de sus preparadores, Manolo, al corregir sus trabajos: «Siempre me decía que era muy original, eso me hizo  pensar que yo era capaz de sacarme la plaza». Detalles como este, a Minerva le han hecho ver que la academia se había convertido en fundamental: «El apoyo de unos preparadores tan cercanos como los que yo he tenido es fundamental en un proceso selectivo de estas características».

Ya piensa en el siguiente reto: «Todavía no me lo creo del todo, estoy muy contenta, pero nerviosa por la nueva etapa que comienza: ¡ya soy maestra de verdad!», exclama.

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Así celebran nuestros alumnos su plaza: «Todavía no nos lo creemos, estamos en una nube»

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180.000 aspirantes se han presentado en las últimas semanas, según el sindicato ANPE, a las convocatorias de las oposiciones de maestros que han tenido lugar por toda España. Luchaban por más de 30.000 plazas; plazas que desde esta semana ya tienen dueño. Y ya lo podemos decir: entre estos flamantes nuevos funcionarios hay multitud de alumnos de Tecnoszubia. Los resultados para los nuestros, a falta de pulir estadísticas -que publicaremos próximamente- han sido, otro año más, notables.

Cada plaza conseguida, cada aspirante que ha materializado su sueño, tiene una historia detrás que vamos a contar durante las próximas semanas. En esta ocasión, a modo de avance, hemos hablado con tres alumnos con unos resultados extraordinarios. Ellos se encuentran celebrando su plaza; están en la playa, con la familia o de fiesta. Algunos no pueden ni hablar, a otros se les nota todavía la euforia en el tono de voz. Pero todos coinciden: su vida ha dado un vuelco tan grande que «aún no se lo creen».

Claudia: «Estuve a punto de dejar mi especialidad, Infantil»

Claudia contesta a nuestra llamada desde la playa. Con un tono de voz enérgico, eufórico, consigue sobreponerse al sonido de fondo típico del viento de la costa. En otras circunstancias la llamada hubiese sido ininteligible, pero a ella se le entiende a la perfección: «¡Aún ni me lo creo!», exclama, para empezar.

Su historia conforma un relato in extremis: Claudia tenía decidido que este sería el último año en el que intentaría sacar una plaza en la especialidad de Infantil.

Tras tres convocatorias (En Andaucía 2015, Castilla-La Mancha 2016 y Madrid 2017), llegó a asumir que Infantil suponía un reto muy complicado.  Quizás demasiado. «Tenía en mente que Infantil era inalcanzable; he estado a punto de abandonar esta especialidad. Estaba muy informada de ratios, convocatorias…y pensaba que el próximo año me tendría que ir a PT, AL…lo concebía como mi última oportunidad».

La plaza, de esta forma, ha supuesto una sorpresa para Claudia: «No me lo esperaba, pero cuando fueron saliendo las notas, el número de interinos por tribunal…comencé a creérmelo». Y tanto se creyó su sueño que ya es tangible. Y lo agradece acordándose de su madre -«Más que en mí, ahora pienso en la alegría que le he dado», confiesa»-, pero no se olvida de Gabriel, su preparador. «Es el mejor. Me ha abierto mucho los ojos con respecto al tema de los méritos. No hay que olvidar que la oposición es un concurso. Hay que estar siempre reciclándose, estar al día, no parar de formarse. Cuando opositamos no debemos dejar de lado todo lo demás. Eso y mucho más lo he aprendido gracias a él».

Claudia despide la llamada con un consejo para los aspirantes que no han conseguido plaza: «Les diría que la suerte es crucial. Las características del tribunal,  el día del examen…cosas que no están en nuestra mano determinan el resultado. Mi consejo es que nunca abandonen su sueño, pero que tampoco dejen de vivir, de hacer otras cosas diferentes. Dejar de salir, irritarse…¡no se gana nada con ello! Una oposición no te define como docente, no merece la pena amargarse la vida. Cuando no llega es porque no es el momento, y cuando te toca es porque era nuestra desde el minuto cero», concluye.

Manuel: «Llevo toda la vida preparándome para esto»

Manuel se presentaba por primera vez a la especialidad de Francés. Una situación que no ha sido obstáculo para arrasar en su convocatoria y sacar unos resultados brutales: es el puesto número 29 de Andalucía.

Es el premio a la constancia de alguien que siempre lo tuvo claro. «Llevo desde los 18 años formándome. Las oposiciones no son solo el tiempo de preparación, sino la carrera, los cursos, másteres…cuando supe los resultados me vino el sentimiento de satisfacción derivado de toda una vida preparándome para llegar aquí. Se lo comuniqué a mi familia y los recuerdo gritando, todos muy contentos», detalla.

Y no se olvida de sus preparadores, Juana y Manolo. Reconoce que con ellos tuvo un «amor a primera vista».

«Empecé a prepararme en diciembre. Me informé, me hablaron de Tecnoszubia y me decidí por ella. Fui a la primera clase a probar, a ver qué impresión me causarían los preparadores. Y observé una organización muy buena; Juana y Manolo me transmitieron confianza desde el primer día. Si tuviera que destacar algo de todo, sería el aspecto humano».

Cristina: «Estoy deseando empezar en el cole»

Cristina reconoce que la noche anterior estuvo celebrando su plaza. Y su voz acredita que todavía no se ha recuperado de esa merecidísima fiesta.

Es la primera vez que se presenta a las oposiciones de maestros por Inglés. Y ya lo ha conseguido. El momento de saber que tenía plaza como maestra de Inglés fue inesperado: «Teniendo en cuenta los méritos de los demás y ese tipo de cosas, sabía que era muy difícil, así que ha sido una satisfacción muy grande». «Iba muy bien preparada -continúa-, y mis preparadores se han portado genial, eso me daba seguridad», relata.

Ha sacado un 7,22 en el cómputo global y ya está deseando «empezar el cole». No extendemos más la conversación; la dejamos descansar.

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