Historias

Diario de una opositora en cuarentena (Epílogo) | «Esto nunca fue una derrota: es una prórroga»

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Cuarenta y nueve días de confinamiento, cinco páginas de diario, una clase online por semana, decenas de conversaciones con su padre. Una relación que se estrecha, un grupo de amigas que nació en la academia y ahora es una piña; un hermano que vive estos días como si fueran vacaciones, otro que sufre en su piel la falta de organización de sus profesores de la Universidad. Aplausos en el balcón, series y horas muertas mirando el móvil. Sueños tan duros, tan firmes, que resisten una pandemia.  Alba López de la Vieja pone fin con este epílogo a un diario lleno de vida; de historias y vocación. 

 


«¿Os he contado alguna vez que tengo un hermano con síndrome de Down? Hoy, 2 de mayo, se puede salir, por fin, a hacer ejercicio, a pasear. Pero no os puedo engañar: él ya se ha escapado más de una vez a ver a mi tía, que vive aquí al lado, en mi pueblo, Argamasilla de Alba.

Si pienso en el confinamiento no puedo evitar pensar en él. Cuando yo tenía 18 años y me fui fuera a estudiar, él tenía 8. Entre los estudios y el trabajo he pasado mucho tiempo, a lo largo de mi vida, separada de mi hermano. ¿Quién me iba a decir a mí que el confinamiento iba a hacer que recuperara la relación? Hacía tiempo que no pasaba tantos días con él.

Lo mismo puedo decir de mi padre. Como nunca, hasta este año, me había planteado opositar en serio, nunca había tenido la oportunidad de hablar con él en profundidad de mi vocación. Ahora que tenemos tiempo y estamos juntos me ha enseñado adaptaciones curriculares, actas de claustros.

Si mi hermano me ha ayudado a reconectar emocionalmente con mi familia, mi padre ha hecho posible que me aproxime un poco más a mi profesión, a la docencia.

 

Ya vemos el horizonte

Hoy, el confinamiento es menos confinamiento; ahora se puede salir a pasear, decía. En mi pueblo no nos ha pillado por los pelos eso de los 5.000 habitantes, así que tenemos que cumplir las franjas horarias propuestas por el Gobierno. En cualquier caso, esta tarde voy a dar una vuelta -aunque sea a la manzana- con mi madre. Reconozco que esto me quita el agobio un poco.

Durante estos días han pasado muchas cosas: por ejemplo, he llegado a la conclusión de que el año que viene repito la preparación en Tecnoszubia. El miércoles hice un simulacro de examen, en la clase online de la semana; nos cayó el tema 52, uno de los que mejor me sé. Mis objetivos siguen ahí y no los voy a abandonar. No estoy haciendo jornadas maratonianas, vale, pero sigo avanzando. 

Con la posibilidad de pasear y hacer ejercicio se ha abierto un nuevo proceso: el de la desescalada. También tenemos novedades sobre la vuelta al cole de los chicos: volverán en septiembre, exceptuando algunos casos especiales. Hay incongruencias en todo esto, pero supongo que si lo han hecho así por algo será.

Lo que entiendo todavía menos es la situación en las universidades. Durante estos días he visto el poco compromiso que hay en algunas: mi hermano, que está en medio de una carrera, tiene 4 maestros y cada uno lo va a evaluar de una forma.

Lo que aprendo de mi padre

Y si hablo de educación, claro, hablo de mi padre. Cuánto aprendo de él cada día; es un ejemplo.

Es docente por vocación. Se sabe el nombre de los 300 alumnos de su colegio; esa empatía que tiene hacia las familias…¡los trata como si fueran sus hijos!

Si se encuentra a alguno por la calle se lo come a besos. Su humanidad como docente lo hace especial. Y qué bien se ha adaptado a la educación a distancia: en el tema tecnológico se ha puesto las pilas.

Ellas

¿Recuerdas aquel grupo con mis compañeras de Tecnoszubia en el que pusimos de foto principal las plazas de Orientación Educativa? Os presento a Rocío, Carmen y Olga. Las videoconferencias con ellas me siguen dando la vida. Las conocí en la academia y en poco tiempo se han convertido en personas muy importantes para mí.

 

 

A Olga le tengo que agradecer su paciencia.

A Rocío su sinceridad.

Y a Carmen su experiencia.

¡Gracias!

Sólo 100 metros más de carrera

No me caracterizo por ser una Paulo Coelho de la vida, mi positivismo nunca fue excesivo, pero voy a cerrar este diario con un mensaje claro: la cuarentena me ha servido para fortalecer mi sueño de conseguir una plaza de profesora. ¡No es un eslogan! He aprendido a convivir con la incertidumbre.

Es normal que tengas momentos de bajón, pero si lo piensas, el sueño sólo se ha pospuesto 12 meses más.

No es una derrota, es una prórroga. Una carrera larga que ahora dura 100 metros más.

¡Ánimo a todos!

Alba López de la Vieja

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Diario de una opositora en cuarentena (Parte 3) | Conversaciones con mi padre

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Ya es oficial: las oposiciones a las que se iba a presentar Alba, las de Secundaria en Andalucía, se aplazan a 2021 por la pandemia del Coronavirus. Pero esto sigue sin ser obstáculo para una aspirante que se muestra motivada y comienza a ver la situación «como una oportunidad». Esta semana, además, ha tenido ocasión de mantener una conversación con su padre, que comparte con nosotros.

¿Y en clase? En clase Alba pudo ver a una de sus compañeras exponiendo por videoconferencia: «Y ahora todos queremos una pizarra para ensayar las exposiciones como ella», nos cuenta, entre risas.

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Diario de una opositora en cuarentena (II) | «Pese a todo, quiero seguir preparándome»

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Una semana después, Alba López de la Vieja escribe la segunda página de un diario que por momentos se complica. Tras la reunión de los sindicatos con Educación y el anuncio del previsible aplazamiento de las oposiciones de Secundaria en Andalucía, la alumna de Tecnoszubia Oposiciones reconoce que llegó a sentir «que el futuro se le caía encima». Con todo, ha decidido seguir con su preparación: ya sea por ese «Hacienda hecha no corre prisa» que continúa diciéndole su padre o por el «Gente parada, malos pensamientos» que durante la última semana le ha repetido su madre. En cualquier caso, Alba no se rinde. 

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Diario de una opositora en cuarentena (Parte 1) | Los primeros días confinada…en casa de mis padres

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Alba López es alumna de Tecnoszubia Oposiciones; se prepara para la especialidad de Orientación Educativa. Tras decretarse el estado de alerta, se encuentra confinada en casa de sus padres, a los que fue a visitar el viernes 13 de marzo. El siguiente relato -primera parte de una serie de textos- narra sus primeros días como opositora en medio de una cuarentena que no le permite volver a su residencia habitual, ni llevar a cabo su formación presencialmente. 

 


«Ayer, 20 de marzo, fue mi cumpleaños
. Cumplía 31. El primero de mi vida así, encerrada; a base de videoconferencias y felicitaciones por redes sociales. A ratos triste, a ratos feliz. Hace una semana, con esto de contener la pandemia del coronavirus, el Gobierno decretaba el estado de alarma. Había venido a ver a mi familia a Castilla-La Mancha un día antes: mi padre es profesor y se ofreció a ayudarme con la exposición de la programación. Ahora estoy aquí confinada.

Escribo este diario porque soy consciente de que estamos viviendo días críticos, pero también históricos. Le doy forma a estas líneas para ayudar a los opositores que como yo, viven días de incertidumbre.

Reconozco que he sido de las que no le dio importancia al tema del coronavirus en un primer momento. Cuando, días antes de que la Junta recomendara el cierre de colegios y centros educativos y Tecnoszubia Oposiciones se desmarcaba recomendando que no fuéramos a clase y siguiéramos la preparación online, yo opté por ir a la academia. Mis clases presenciales son uno de los mejores momentos de la semana y me resistía a perderlos. Tengo un grupito con 4 compañeras que nos complementamos perfectamente; no sólo es que, por sus características, prefiera la preparación presencial, sino que estar con ellas los miércoles me daba la vida; energía para seguir una semana más. 

Después de aquel miércoles, todo pasó muy rápido: ya lo decía al principio, me vine a ver a mi familia, a que mi padre me ayudara con la exposición, y aquí me quedé sin poder salir. Mi residencia habitual está en Granada, donde vivo con mi novio. Ahora estamos separados.

Imagínate: tras años sin vivir aquí, me veía abocada a volver a acostumbrarme a estar con ellos por un tiempo. Los primeros días han sido un poco caóticos, aunque todos estamos poniendo un poco de nuestra parte. Lo cual no quita que tenga que aguantar, en cierta medida, a mi hermano con la música, a mi madre con la aspiradora…circunstancias normales pero a las que, insisto, yo ya no estaba acostumbrada. Ni yo a ellos, ni ellos a mí. 

No es el único problema que estoy teniendo. Como la visita a casa de mis padres tenía la etiqueta de exprés, no me traje ni el portátil, ni parte de mis apuntes. Así que aquí estoy tirando con los apuntes que aquí tenía, con los que la academia pone a mi disposición en Aulatecnos, su plataforma online,…y con el portatil de mi padre. Y su ordenador no es lo único que le he ‘robado’: también la silla. Soy una chica alta, mido 1,75, y tengo que cuidar mi espalda.

Mi rutina

Como recomiendan los psicólogos, para la cuarentena estoy intentando seguir mi rutina con total normalidad. Solo me permito levantarme un poco más tarde de lo habitual, a eso de las 8:30 -antes lo hacía a las 8:00-.

Intento , a las 9:00, estar ya estudiando. Dependiendo del día, a las 12 o 12 y media hago 15 minutos de descanso y me como alguna fruta -¡me empieza a dar hambre!

Luego, dependiendo del día, entre las 14 y las 14:30 empiezo a comer. Me echo un poco de siesta -15 o 20 minutos, no más- y a las 16 me pongo otra vez. Y ya por la tarde depende: hay veces que tengo fuerza y estudio hasta las 19:00 y otras que a las 18.00 hago un descansillo y aguanto hasta las 20:00. Pero a partir de esa hora, mi cerebro desconecta: aunque me ponga a hacer  programación, que es un poco más light, no hilo una palabra con otra; lo que yo hago a partir de las 20:00 al día siguiente lo tengo que rehacer. Así que empiezo a descansar: me salgo a la terraza, veo alguna serie… –ahora estoy enganchada, por cierto, a Merlí, que me la recomendaron los padres de mi novio-.

Con todo ya más o menos organizado en mi rutina diaria, este miércoles participé en la primera clase online. De la clase me quedo con varias cosas: aunque el funcionamiento de la retransmisión y las posibilidades para interactuar son suficientes, sigo prefiriendo lo presencial. Lo reconozco. Vuelvo a pensar en mis compañeras, con las que sigo hablando por Whatsapp, y en que no me gusta lo impersonal; soy más de levantar la mano en clase, de que el profesor me vea la cara, de que yo se la vea a él. ¿Cambiaré de opinión durante las próximas semanas?

Volviendo a la clase en sí: Gómez, uno de mis preparadores -que como dice Centeno está metido en las ‘altas esferas’-, dedicó parte de la sesión a tranquilizarnos. Aunque todavía no había información concreta –hoy ha saltado la noticia de que el ministerio le ha dicho a los sindicatos que las oposiciones continúan en pie-, él cree firmemente que debemos seguir para adelante. Y así nos lo decía una y otra vez: «El que se baje del tren ahora, lo pierde». 

Anécdotas de la cuarentena: «Hacienda hecha no corre prisa»

Por lo demás, la verdad es que lo llevo bien. Quitando un par de detalles: un dolor de cervicales por estar todo el día sentada y que no paro de soñar. El otro día se lo contaba a mi novio: todo el día estudiando y toda la noche soñando. Son sueños raros, un poco violentos. ¿Será por el estrés de la situación? ¿Tengo demasiada activación cerebral? ¿A la gente también le pasará? ¿Cómo lo llevarán ellos?

Hay momentos en los que soy capaz de evadirme de todo. Mi padre, cada mañana, me recuerda uno mis refranes preferidos; uno con el que he crecido y madurado: «Hacienda hecha no corre prisa». Esto quiere decir que lo importante es avanzar, aunque las circunstancias no me permitan ser lo productiva que me gustaría. Es una de las ventajas de que la cuarentena me haya pillado aquí: tener su apoyo constante. Porque él, que está siendo algo así como mi coach, cree que las oposiciones las saco sí o sí. Yo igual: no me esperaba lo que está pasando, pero ni tengo miedo ni me voy a bajar del tren».

 

21 de marzo de 2020

 

 

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Historias

La penúltima oportunidad: opositar con más de 40

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Sin superpoderes, ni un mundo que salvar, pero con una familia y un pasado que, pese a todo, no condiciona la noble ambición del que busca un trabajo digno. Sin superpoderes, ni un mundo que salvar, pero venciendo, día a día, las dificultades propias de opositar tras décadas sin abrir un libro.

En Tecnoszubia Oposiciones contamos con numerosos alumnos que pasan los 40. Comenzando marzo, un mes clave para el proceso que estás viviendo, queremos rescatar sus historias con la esperanza de que encuentres en ellas el fogonazo de inspiración que necesitas.

La penúltima oportunidad para Miguel Ángel

Con 46 años, el discurso de Miguel Ángel testifica un pasado de trabajo duro, de haberse debatido entre la comodidad y las ganas de crecer. Encoge los hombros al contar que, cuando comenzó las oposiciones, no tenía tiempo de servicio ni méritos. «He estado durante 19 años trabajando en un banco; entré con 23 y salí con 42. Tampoco méritos: solo los cursos que se hacen para profesor, los de los dos puntos que tiene todo el mundo», reconoce.

Nos lo contaba en septiembre de 2018, poco después de conocer que su futuro estaba, finalmente, en las aulas. En las de Huelma, Jaén, concretamente. Tras presentarse por la especialidad de Administración de Empresas por primera vez, sacó plaza «a una hora de carretera» de su casa.

Un cambio radical en el día a día de Miguel que vino tras un año duro, en el que tuvo que batallar consigo mismo. «Nos dieron nociones para reducir la ansiedad y el nerviosismo. Teníamos las clases los sábados y teníamos 15 minutos que llamábamos «de motivación». El preparador se anteponía a esos problemas psicológicos que íbamos a tener asociados al proceso; su experiencia fue clave para animarnos a seguir en la batalla de las oposiciones». Así, cuando llegó, Javier, su preparador, no paraba de insistirle en que saliera a exponer; hizo hincapié en sus puntos débiles hasta que los convirtió en sus fortalezas.

Capitana Arancha

Hablábamos con Arancha hace un año, en un momento en el que, aprovechando el Día de la Mujer, quisimos mirar hacia las madres que opositan. No hay nadie mejor que ellas para ejemplificar lo que significa opositar con más de 40, así que te invitamos a que vuelvas a leer sus relatos.  Podríamos haber incluido en este texto a cualquiera de las cinco; cualquiera de ellas se merece que la traten como a una suerte de Capitana Marvel con superpoderes más prácticos y mundanos: tesón, sacrificio y humildad.

Porque hay que ser humildes para, cuando todo se derrumba, querer empezar de cero; cuando llegó la crisis, a Arancha, de 40 años, la despidieron. Tenía dos hijas -una de 12 y otra de 8-. No lo dudó: quiso mantener viva la llama de su vocación. Así, hace cuatro años, comenzó a opositar.

Pero, ¿Cómo cuadra su vida familiar con la exigencia propia de las oposiciones? La aspirante nos contaba hace un año que, tras comenzar a dedicarse a su preparación al 100% -anteriormente la compaginó con interinidades en otras ciudades-, empezó, con el objetivo de favorecer el estudio, a conformar en torno a ella una estructura adecuada al momento. Como capitana de la familia, Arancha llevó a rajatabla eso que ella definía como «Organización familiar». «Por las tardes nos organizamos, para estar con mis hijas, entre abuelos, su padre cuando no trabaja …y algunas tardes que me tocan a mí, claro».

Una buena organización familiar que, pese a todo, no le quitaba el sentimiento de culpa propio de no poder dedicarle a sus hijas el tiempo que le gustaría. «No es que de vez en cuando me asalte una lucha interna sino que es algo que está siempre en mi cabeza. Si me voy a la biblioteca 7 horas al día, no puedo atender lo que debería a mis hijas; al final he tenido que aprender a delegar».

«Lo más importante» para José Manuel

«Sacar una plaza a mi edad es muy importante. Me encanta dar clase. Sé cómo funciona y sé lo difícil que es que todo salga tan bien en todos los sentidos». Y, pese a la dificultad que entrañaba el proceso y la competencia que había en la especialidad de Física y Química, sacó casi un 7; lo consiguió tras suspender dos años atrás «por poco».

La plaza, para José Manuel Fernández, era lo más importante. «La oportunidad de darle a mi vida un cambio radical» -afirmaba- «tras pasar por diversas etapas»; diferentes proyectos «como la administración de un centro de formación», que no llegaron a buen puerto. Le costó creerse, no obstante, que una plaza podría ser suya en algún momento. «Nuestro preparador nos dijo que ‘afináramos’ los pueblos; que los pusiéramos en la convocatoria, que podíamos aprobar con plaza; eso me hizo reflexionar durante el verano». Y así fue: José Manuel, a sus 47 años, aprovechó su penúltima oportunidad.

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Historias

Día Internacional de la Educación | Cuatro vidas transformadas por la enseñanza

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4 vidas transformadas por la educación

El 24 de enero se celebró, por primera vez, el Día Internacional de la Educación. Planteado por la UNESCO, nace como un llamamiento a la acción, «A la acción en favor de la educación, una jornada para reconocer a la educación su papel en el bienestar humano y el desarrollo sostenible», reconocen desde el organismo. «Todos los agentes, ya se trate de dirigentes políticos de alto nivel o de ciudadanos, de Estados y asociaciones, de docentes y padres de alumnos, tienen un papel que desempeñar, a su escala, para que el derecho a la educación sea una realidad para todos. Esta es nuestra responsabilidad hacia las generaciones futuras».

Día Internacional de la Educación. 4 historias inspiradoras; 4 continentes

Desde Burkina Faso hasta Grecia: para conmemorar este día, la UNESCO ha publicado en su web una serie de historias que ponen en evidencia el poder de la educación como vehículo de cambio. La UNESCO seleccionó y presentó estas cuatro historias en el marco de una exposición en la Sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, durante los meses de julio y agosto de 2019.

Rachidatou Sana, Awa Traore y la igualdad de género en la educación

«La igualdad de género es una prioridad global de la UNESCO y la Organización vela por la igualdad entre los sexos en la educación y recopila los datos sobre esta, además de que contribuye a mejorar los marcos jurídicos, políticos y de planificación con miras a promover el derecho a la educación y ayuda a los países a empoderar a las niñas y a las mujeres proporcionándoles mejores oportunidades de aprendizaje».

En Bobo-Dioulasso, una de las ciudades más grandes de Burkina Faso se desarrolla el primero de los relatos. Rachidatou Sana y Awa Traore, protagonistas, son dos jóvenes que, al contrario que la mayoría de niñas del país, sí pueden disfrutar de la educación. No obstante, sus rutinas son muy diferentes a las de los escolares del resto del mundo. Por un lado, Awa, de 21 años, trabaja de sol a sol para, al terminar y dejar su sobrino en la escuela, a eso de las 18.30, para comenzar su curso de alfabetización. El objetivo de Awa, a pesar de los obstáculos, es el de mejorar su empleabilidad e incluso poder dedicarse al ámbito de la salud.

Por otro, Sana, de 11 años, también se debate entre los quehaceres domésticos, las exigencias derivadas de la situación de una familia pobre y los estudios. Su madre es analfabeta; ella quiere ir a la universidad «para ayudar a mi familia y a otras».  “Me siento muy feliz de poder asistir cada día a la escuela. Mi madre no tuvo esta suerte.”,, destaca.

Shahnaz Karimi, Nasir Rasouli y su hijo Matin: empezar de cero en Lesbos

La UNESCO aboga por políticas de educación inclusivas en todos los niveles y por que el acceso a las oportunidades de un aprendizaje de calidad formen parte de las intervenciones humanitarias.

Es una de las puertas de acceso de los migrantes a Europa; Lesbos acoge el mayor campo de refugiados de Europa. Allí se dan cita miles de personas que huyen del horror de la guerra, de la pobreza, con la necesidad de empezar de cero. Construir sueños, renovar ilusiones, es más fácil si te apoyas en una educación de calidad; una idea que han tomado como eje central de sus vidas Shahnaz Karimi, Nasir Rasouli y su hijo Matin, familia procedente de Afganistán.

El padre era pintor y decorador; ella esteticista. Ambos participan en cursos de Inglés y arte, mientras que el pequeño Matin, que quiere ser policía, va cada día al colegio con el resto de niños.“Si Matin no hubiera tenido la posibilidad de estudiar aquí, hubiera quedado muy rezagado con respecto a los otros niños”, afirmó Shahnaz, su madre.

La perseverancia de Margarita

«La UNESCO ayuda a los diferentes gobiernos a establecer programas de enseñanza y formación técnica y profesional que resulten atractivos para las adolescentes y las mujeres, y que se adapten a las necesidades del mercado laboral y permitan la obtención de empleos decentes».

La historia de Margarita es la de una mujer que no se doblega ante su entorno; que no se limita a camuflarse en un contexto, el de Totonicapán (Guatemala), donde los hombres se dedican al cultivo y las mujeres a tejer.  Tal y como cuentan desde UNESCO, «De niña, no tuvo la oportunidad de asistir a la escuela, pero la perseverancia y su confianza en la educación hicieron que Margarita se convirtiera en jefe de su propia empresa en su comunidad indígena».

Con 13 años, tras descubrir un programa educativo gratuito para adolescentes y adultos, retomó sus estudios, que quedaron suspendidos cuando su Escuela cerró. Posteriormente, su empeño le llevaría a la escuela secundaria y a la universidad.

Prathibha Balakrishnan: docencia desde lo más profundo de la India.

La UNESCO considera a la educación para el desarrollo sostenible como un elemento clave de la respuesta internacional al cambio climático. La Organización se esfuerza en promover los conocimientos autóctonos con miras a luchar contra el cambio climático, aumentar la resiliencia y encontrar soluciones sostenibles».

Prathibha Balakrishnan, de 38 años, tiene la misión, como tantos docentes, de enseñar a una serie de alumnos. Pero hay dos particularidades en su día a día como maestra: sus alumnos son los habitantes montañeses de Nilgiris, los betta karumba y su currículo educativo es especial. Enseña a los niños a identificar las espinacas silvestres comestibles y los incita a cultivar variedades locales como el boniato, el ñame, la naranja y la guayaba con miras a diversificar las cosechas tradicionales Y a los adultos, por su parte, los sensibiliza sobre la importancia del hábitat forestal en el que viven.

Día tras día, Balakrishnan se enfrenta a grandes dificultades para ejercer su labor docente. Así, cada mañana lidia con los elefantes «que atraviesan el peligroso terraplén de 7 kms que ella recorre desde Devarshola hasta la aldea de Kadichanokolli, en lo más profundo de la reserva de biosfera de Nilgiris, en el sur de la India».

 

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Jairo, Concepción y Cristina: «A 2020 le pedimos tranquilidad y poder estar cerca de nuestra familia»

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Hace justo un año contábamos la historia de superación de Juan. La aventura que estaba teniendo Mercedes en sus prácticas en un centro de compensatoria. Las palabras de Marta recordando el bucle que supusieron sus meses de preparación. Porque, para el nuevo funcionario, la Navidad es momento de mirar atrás y hacer balance de sus 100 primeros días con plaza. De agradecer por los deseos cumplidos, pero también de buscar nuevos horizontes. Eso han hecho en esta ocasión Jairo, Concepción y Cristina. Tres exalumnos de la academia que abrazan estas fechas con la satisfacción del que ha cumplido su sueño.

Jairo: «¿Oposiciones? Mi obligación como padre siempre fue disfrutar de la Navidad»

Para muchos opositores, las Navidades dejan de ser esos momentos familiares, de diversión y tranquilidad, para convertirse en lo opuesto. Se aíslan, presos de sí mismos, de su exigencia. «La inmensidad de la oposición, la densidad de los apuntes les acaba quemando», dice Jairo, funcionario con plaza en Málaga por la especialidad de Primaria. Aprobó sus oposiciones hace unos meses con un 8 de nota global. Y nunca dejó de disfrutar de estas fechas. Porque sus dos hijos, de 3 y 6 años, ejercieron como lazo que le ataba a la tierra. A la ilusión, «a la alegría».

Eso, al menos, nos cuenta cuando le preguntamos por las fiestas del año pasado; esperábamos el discurso sombrío del que no se levantó del escritorio, pero encontramos algo totalmente diferente. «El año pasado no pasé una Navidad triste. No, no te puedo decir que hasta ahora haya sido una ruina y este año sea lo contrario. Yo siempre intento tener buen talante a la hora de recibir las fiestas. Mi pareja y yo intentamos resetear; tenemos hijos pequeños y todo está impregnado de buenos sentimientos. El año pasado tenía la presión de las fechas; es una parte importante de la oposición, pero no podía privar a mis hijos de mí, ni a mí permitirme privarme de ellos», explica.

Porque, para Jairo, la Navidad es momento de «mantener la calma». Una actitud a la que ha llegado, de nuevo, tras ser padre. «Yo soy consciente de que cuando no tenia niños me tiraba muchas horas estudiando, pero no aprovechaba el tiempo; cuando la vida me ha puesto en mi sitio y he tenido hijos, ha hecho que me centre mucho más. Para mí era muy importante estudiar, pero también descansar. El descanso, cuando opositas, es merecido: las oposiciones son muy duras».

«Los colegios necesitan maestros con vocación»

Ya con la plaza, Jairo define su año de prácticas en un pueblo de Málaga como «Una auténtica locura». «Por la burocracia, entre otras cosas. Da la casualidad de que en mi colegio somos muchos prácticos, en torno a 13, y a varios de nosotros nos han dado 1º de Primaria, que suelen ser cursos muy movidos…así que es un no parar. Estoy aprendiendo mucho, programando mucho y bajando al barro. Estoy trabajando siendo un  maestro de verdad. Cuando estás en 1º de Primaria, que los niños no son tan autónomos, ves que es un trabajo que supone estrés diario. Este trabajo necesita maestros con vocación», afirma.

Él parece ser uno de ellos.

Jairo termina con un deseo claro para 2020: «Mi deseo, ya que me han dado destino a 2 horas y media de mi casa, y estoy de lunes a viernes en el lugar donde resido, cerca del colegio, es que mi destino provisional sea más cerca de donde está mi familia. Yo sé que Granada está casi imposible, pero al menos quiero estar mas cerca, que me permita ir y volver, estar con mi familia».

Concepción: «Llegué a pensar que siempre iba a ser interina»

Concepción se presentó por Pedagogía Terapéutica el año pasado y aprobó con plaza. Llevaba intentándolo desde 2005. «Pero no me he presentado siempre», apostilla. «Aunque sí, desde ese año he estado liada; comencé con Juan Manuel», recuerda. La han destinado a El Ejido. Y está feliz con el lugar, nos cuenta, «porque llevo muchos años allí trabajando».

Pero si la historia de Concepción nos invita a pensar que, tras 14 años de preparación, de idas y venidas, sus primeras Navidades como funcionaria iban a suponer una celebración, pronto vemos que no es así. Sólo logramos ver la felicidad de esta nueva funcionaria en un tímido «Nunca llegué a imaginar que iba a ser funcionaria, llegué a pensar que siempre iba a estar como interina». Porque a continuación nos damos cuenta de que, pese a haberlo «celebrado durante el verano», Concepción sigue todavía encerrada en un sentimiento de extrema cautela.

«No considero que tenga la plaza aún», golpea. «Mi fase de prácticas está siendo complicada. Con dificultades a la hora de hacer el proyecto, la memoria. Todos los prácticos de mi colegio estamos un poco perdidos. Todavía me queda un año complicado hasta que todo esté cerrado», reconoce. Y de ahí sus deseos: » En 2019 cumplí mis deseos. Ahora sólo quiero que termine todo: tener el apto del inspector y trabajar tranquila, sin la presión de las prácticas».

Cristina: «¿Las pasadas Navidades? ¡Llorando, entre apuntes!

Hace unos meses, protagonista de uno de los artículos del blog, Cristina reconocía «estar deseando empezar en el cole». En aquel momento, con la voz tocada, aún se estaba recuperando de una de esas celebraciones postplaza: Cristina fue la primera de su tribunal en los dos exámenes.

Hoy, nos cuenta con orgullo sus primeros días como maestra especialista en Inglés en un colegio de Zafarraya: «Está siendo todo una maravilla. Al principio vas tensa, es una situación nueva; pero en el fondo genial, mis compañeros muy bien, somos 12 funcionarios en prácticas. Y al haber tantos nuevos, nos apoyamos los unos a los otros. Nos dan facilidades…formamos un buen equipo».

Cristina está feliz. Bromea cuando le preguntamos por sus deseos para 2020 -«Que me fichen en Tecnoszubia como preparadora», exclama-. Y se nota, sobre todo, cuando nos cuenta el contraste de estas Navidades con respecto a las pasadas. ¿Las pasadas Navidades? Llorando, entre apuntes, con los libros, mis preparadores nos metían un montón de caña, que es de agradecer, y este año ha sido un cambio radical: todo está resuelto«.

Se despide aconsejando a los que, como ella hace un año, están pasando la Navidad agobiados. «Yo siempre digo que al final las oposiciones tienen muchos aspectos que no se pueden controlar, pero otros que sí. Lo que tu estudies es el número de papeletas que compres. Es muy sacrificado, por ejemplo, lo que hablamos de no tener Navidades, pero merece la pena: es un sacrificio que hay que hacer».

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‘El día que supe que la plaza era mía’ (XVI) | La solicitud de Lourdes

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Lourdes Ruiz se presentaba en 2019 por la especialidad de Inglés por primera vez. Ya se había presentado otros años por la especialidad Infantil; pero no fue hasta que apostó por el idioma cuando consiguió su plaza gracias a un 9,4 en sus oposiciones.

Siempre tuvo claro que quería ser maestra y que las oposiciones eran el camino». «Una carrera de fondo hasta conseguirlo, me costara los años que me costara», afirma. La vocación y capacidad de sacrificio de Lourdes, de esta forma, han tenido un peso especial para entender su consecución. «No soy de Granada, hace unos años venía de Jaén todos los jueves, daba la clase y me volvía».

Mientras se acostumbraba a los frutos de su sacrificio -Lourdes, poco después de conseguir la plaza, estaba instalada en esa incredulidad propia del nuevo funcionario-, nos contaba que Tecnoszubia le llegó en un momento en el que necesitaba «A alguien que estuviera totalmente actualizado,  que me fuese guiando y corrigiendo, que me dijera por aquí sí y por aquí no. La oposiciones no son solo estudiarse el tema, eso no te asegura nada; para mí ha sido fundamental su metodología y materiales».

Cuando se refiere a la metodología, Lourdes habla del hecho de que en Tecnoszubia, en la especialidad de Inglés, se juntaran, en el año 2019, tres preparadores. «Cada uno especializado en un aspecto; además, se complementaban bien, algo muy positivo», opina.

La solicitud

Para muchos de los alumnos, hubo un punto de inflexión en el que comenzaron a sentirse maestros con plaza. Para Lourdes, ese momento en el que supo que una plaza sería suya llegó el día en el que tuvo que echar la solicitud para acceder al examen de sus oposiciones. «Antes de echar la solicitud, nuestro preparador, Jose, nos dijo:  «Cuando la guardéis en vuestro ordenador, ponedle como título ‘La solicitud con la que me saqué la plaza’. Ahí, en ese momento, algo me dijo que una plaza iba a ser para mí».

 

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«El día que supe que la plaza era mía» (XIII) | Lorena, hacia la excelencia

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«¡Ha sido un trauma!», dice Lorena, entre risas, cuando comienza la entrevista. Lorena Martín, exopositora de Educación Física y nueva funcionaria, ha rozado la excelencia; tras una rutina de «8 y 10 horas al día de estudio», ha conseguido un 9,84 en las oposiciones.

Ahora, la granadina reconoce sentirse «muy satisfecha». «Después de tanto años de preparación…considero que las oposiciones son algo muy complicado; después de conseguir este resultado, estoy muy contenta después de tres convocatorias».  Cuando llegó el momento de conocer la nota, Lorena reconoce que todo lo que sintió conformó «el día más feliz de su vida».

«Expertos en el camino»; la importancia del preparador

Gabriel Ropero, su preparador, fue uno de los motivos por los que Lorena se matriculó en Tecnoszubia. De hecho, ya le habían hablado de él.

«Sí, me habían hablado muy bien de Gabriel Ropero. Me ha dado siempre mucha confianza. La academia tiene muchísima experiencia, por eso he confiado en vosotros. El papel de una academia es fundamental; están muy actualizados, tenéis expertos en este camino, un camino muy duro. Nos han enseñado, por ejemplo, a afrontar los temas añadiéndole un toque de calidad; también nos han dado unas nociones para los supuestos…», concluye.

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Historias

Ciudades del Aprendizaje: 5 + 1 zonas del mundo galardonadas por la UNESCO

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A finales del mes de septiembre, la UNESCO otorgó el premio Ciudades del Aprendizaje 2019 a 10 zonas de todo el mundo. Fue en Medellín (Colombia), en la víspera de la cuarta Conferencia Internacional. Desde Chendgu, en China, hasta Asuán, en Egipto: te presentamos una serie de ciudades que se han apoyado en la educación para combatir lacras como la violencia o la pobreza.

Medellín

El alcalde de Medellín recibió el galardón declarando que «sólo la educación puede reducir las brechas sociales». Tal y como argumenta la UNESCO en su web oficial, «en Medellín se han implementado recientemente algunos programas innovadores, como por ejemplo el que ayuda a que 7.000 alumnos que han abandonado la escuela sean reintegrados con éxitos al sistema escolar al ocuparse de cada uno de ellos individualmente».

Ibadan

La ciudad de Ibadan, en Nigeria, inició hace un tiempo un festival del aprendizaje que propone actividades y talleres interactivos. Una celebración de la educación que ha tenido como recompensa el reconocimiento de la UNESCO; su gobernador,  Oluseyi Abiodun Makinde, «se esfuerza continuamente para integrar el ideal de educación inclusiva en Ibadan», aclara el organismo.

Chengdu

Un conjunto de itinerarios de visitas a pie a lo largo de la ciudad, cada uno con un tema diferente y orientados todos al aprendizaje, se ha ganado el premio de la UNESCO por la gestión inteligente de recursos. Xianyi Zhou,  del Gobierno Municipal de Chengdu, opina que su ciudad “cree firmemente que el aprendizaje hace que la vida sea mucho mejor y la ciudad mucho más fuerte”.

Asuán

Jardinería, preservación del agua de las escuelas o cursos de educación financiera. En Asuán han innovado en educación y se han convertido en una potencia egipcia en este sentido. El gobernador de la ciudad reconoce, en palabras para la UNESCO, tener la necesidad de «vincular la ciudad la educación con las necesidades reales de la sociedad». Algo que, en su país, por desgracia no es la norma.

Santiago

En una zona acuciada por la pobreza y la violencia, la educación en Santiago emerge como un rayo de esperanza. Desde la ciudad proporcionan una amplia variedad de cursos gratuitos: desde robótica hasta una especie de ética que pone en el foco en la violencia: “Nuestra misión y nuestra visión consisten en promover el aprendizaje en tanto que principio rector de nuestra acción municipal”, explican desde el Gobierno de la ciudad.

Seodaemun-gu

Las particularidades de esta ciudad de la República de Corea, con poco espacio, pero llena de rascacielos y pequeños apartamentos, ha propiciado una de las iniciativas educativas más interesantes de la lista. Auspiciadas por vecinos y miembros del Ayuntamiento de la ciudad, se han creado pequeñas comunidades de aprendizaje -que suponen más de 50 cursos al año-, en las salas de estar de los ciudadanos. “Seguiremos proporcionando programas de aprendizaje que respondan a las normas internacionales para mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos”, explica para UNESCO Sr. Seok-Jin Mun, Alcalde de la ciudad.

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En este enlace puedes acceder a toda la información sobre el resto de galardonadas en los premios Ciudades del Aprendizaje. 

 

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