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‘El día que supe que la plaza era mía’ (XVI) | La solicitud de Lourdes

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Lourdes Ruiz se presentaba en 2019 por la especialidad de Inglés por primera vez. Ya se había presentado otros años por la especialidad Infantil; pero no fue hasta que apostó por el idioma cuando consiguió su plaza gracias a un 9,4 en sus oposiciones.

Siempre tuvo claro que quería ser maestra y que las oposiciones eran el camino». «Una carrera de fondo hasta conseguirlo, me costara los años que me costara», afirma. La vocación y capacidad de sacrificio de Lourdes, de esta forma, han tenido un peso especial para entender su consecución. «No soy de Granada, hace unos años venía de Jaén todos los jueves, daba la clase y me volvía».

Mientras se acostumbraba a los frutos de su sacrificio -Lourdes, poco después de conseguir la plaza, estaba instalada en esa incredulidad propia del nuevo funcionario-, nos contaba que Tecnoszubia le llegó en un momento en el que necesitaba «A alguien que estuviera totalmente actualizado,  que me fuese guiando y corrigiendo, que me dijera por aquí sí y por aquí no. La oposiciones no son solo estudiarse el tema, eso no te asegura nada; para mí ha sido fundamental su metodología y materiales».

Cuando se refiere a la metodología, Lourdes habla del hecho de que en Tecnoszubia, en la especialidad de Inglés, se juntaran, en el año 2019, tres preparadores. «Cada uno especializado en un aspecto; además, se complementaban bien, algo muy positivo», opina.

La solicitud

Para muchos de los alumnos, hubo un punto de inflexión en el que comenzaron a sentirse maestros con plaza. Para Lourdes, ese momento en el que supo que una plaza sería suya llegó el día en el que tuvo que echar la solicitud para acceder al examen de sus oposiciones. «Antes de echar la solicitud, nuestro preparador, Jose, nos dijo:  «Cuando la guardéis en vuestro ordenador, ponedle como título ‘La solicitud con la que me saqué la plaza’. Ahí, en ese momento, algo me dijo que una plaza iba a ser para mí».

 

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El día que supe que la plaza era mía (XIV) | «Venir los sábados a la academia era mi respiro»

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Un 9,9, la nota más alta de su tribunal en las oposiciones de Música (magisterio) y una historia conmovedora detrás. El paso de Beatriz Gálvez por Tecnoszubia ha sido intenso; lleno de subidas y bajadas que finalmente se resolvieron gracias a la comunión que esta granadina estableció con Lidia, su preparadora.

«Cuando perdí a mi padre decidí no presentarme, pero Lidia me insistió…»

Era la tercera vez que se presentaba cuando Beatriz vio, por fin, su sueño cumplido: tenía plaza. «En el momento en el que me dijeron que lo conseguí estaba hablando con mis amigos, a mí me lo pasaron mas tarde, cuando me pasaron la foto con mi nota, vi que saque un 10 en el oral, me fundí en un abrazo con mi madre, nos pusimos a llorar…no me lo creía».

Años atrás, Beatriz conoció en primera persona la importancia de una academia como Tecnoszubia. Lo observó gracias a su preparadora, Lidia, que desde el primer minuto se convirtió en un apoyo indispensable. «Desde 2015, cuando la conocí, supe que quería conseguir mi sueño con ella. Es una persona muy competente, formal, cercana, una persona increíble que siempre esta ahí para ayudarte. Una psicóloga, una preparadora…»

Pero su relación con Lidia tuvo un punto de inflexión, tal y como ella nos cuenta. «En 2017 perdí a mi padre, así que no me iba a presentar; en mayo, Lidia insistió mucho en que me preparara y al final me quedé a tres centésimas. Me apoyó mucho, me quedé a nada.  Ahí vi que gracias al apoyo de Lidia iba a conseguirlo. 2019 era mi año».

Para ella, todas las experiencias que vivió en nuestras aulas repercuten en la sensación de que «Tecnoszubia es una academia donde, desde que entras por la puerta, se nota la calidez humana». «Todo te lo hacen con una sonrisa, con amabilidad, te llevas a grandes amigos, pasas muy buenos momentos. A toda persona que quiera opositar le recomiendo que se forme aquí. No hay nada mejor; venir los sábados a la academia era mi respiro».

 

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«El día que supe que la plaza era mía» (XIII) | Lorena, hacia la excelencia

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«¡Ha sido un trauma!», dice Lorena, entre risas, cuando comienza la entrevista. Lorena Martín, exopositora de Educación Física y nueva funcionaria, ha rozado la excelencia; tras una rutina de «8 y 10 horas al día de estudio», ha conseguido un 9,84 en las oposiciones.

Ahora, la granadina reconoce sentirse «muy satisfecha». «Después de tanto años de preparación…considero que las oposiciones son algo muy complicado; después de conseguir este resultado, estoy muy contenta después de tres convocatorias».  Cuando llegó el momento de conocer la nota, Lorena reconoce que todo lo que sintió conformó «el día más feliz de su vida».

«Expertos en el camino»; la importancia del preparador

Gabriel Ropero, su preparador, fue uno de los motivos por los que Lorena se matriculó en Tecnoszubia. De hecho, ya le habían hablado de él.

«Sí, me habían hablado muy bien de Gabriel Ropero. Me ha dado siempre mucha confianza. La academia tiene muchísima experiencia, por eso he confiado en vosotros. El papel de una academia es fundamental; están muy actualizados, tenéis expertos en este camino, un camino muy duro. Nos han enseñado, por ejemplo, a afrontar los temas añadiéndole un toque de calidad; también nos han dado unas nociones para los supuestos…», concluye.

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«El día que supe que la plaza era mía» (XII) | Alba Martínez y la gestión del pánico

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Alba Martínez nos cuenta que decidió lanzarse a las oposiciones de Pedagogía Terapéutica porque era psicóloga: «Trabaja en un centro infantil y tenía mucho contacto con maestros de PT». Lanzarse a la docencia, como ella, desde otras profesiones, es una realidad cada vez más común. En su caso, ha habido final feliz: su primera oposición se ha saldado con un 9,52 y plaza en la especialidad.

La nueva funcionaria tuvo una relación intensa con la academia, tanto con las preparadoras como con las administrativas. Para muestra, el hecho de, reconoce, que los trabajadores de administración «se aprendieran su nombre». Y es que Alba Martínez se cambió de modalidad: de la online a la presencial tras unos meses. «Yo comencé con la modalidad online. Estuve dos o tres meses y todo se escuchaba bien, se veía bien…he probado las dos modalidades. Para mí, por mi forma de enfrentarme al proceso, es más fácil venir a clase, pero para quien no pueda es una gran opción», explica.

Gestionar el pánico: cuando 4000 personas tuvieron que repetir su examen de PT

En las últimas oposiciones de Pedagogía Terapéutica, 4.475 personas, a nivel andaluz,  tuvieron que repetir el examen debido a un «error técnico en una de las pruebas».

Al contrario de lo que podría haber pasado sin una buena gestión, han sido estos momentos concretos, situaciones límite, tras las que Alba Martínez se vio muy cerca de la plaza. «Yo me acuerdo que cuando salí del examen de les envié un mail a mis preparadoras y ellas me contestaron rápido: me ofrecieron calma, nos dijeron qué hacer, yo estaba totalmente pegada al ordenador. Me enteré antes por la academia que por otros lados, cuando ocurrieron aquellas incidencias, nos reunieron en la academia y nos tranquilizaron. A partir de aquí nos dieron unas pautas para ir a por todas otra vez. Actuaron con rapidez».

No fue la única situación crítica a la que Alba se enfrentó. Hubo algunas más: «En junio entramos en pánico; leí en un foro de Internet que había una normativa que derogaba una que ya me había aprendido. Me dijeron mis preparadores que me tranquilizara; me lo aclararon. Cuando opositas, te llevas las manos a la cabeza con cualquier tontería», recuerda…

…»Y la academia está para ayudarte, para quitártelas», concluye.

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El día que supe que la plaza era mía (XI) | «‘¡Cristina, eres un caso!»

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Cristina Garrido llega a la entrevista y recuerda, en primer lugar, las lágrimas de su madre y la incredulidad de su padre tras conocer que iba a terminar dedicándose como funcionaria a lo que siempre había querido. «Yo tenía claro que quería ser profesora. Me especialicé en Francés; ya que tenía un idioma, quería tener dos. Mi padre me dijo que iban a salir bastantes plazas y dije bueno, en un año no es mucho tiempo, pero por qué no: imagínate que saco la plaza».

Hoy, Cristina es maestra con plaza gracias a su 9,1 en el examen de oposición.

Su experiencia en la academia

Para Cristina, haberse preparado en Tecnoszubia es «imprescindible» para cosechar los resultados que ha tenido. Sobre los materiales y los preparadores, esta nueva maestra con plaza piensa que son «geniales». «Los casos prácticos, los temas…ellos te dan un resumen. Te corrigen todo y te ayudan a todo. Los preparadores de Francés son tan especiales y diferentes…Manolo tan cercano, maravillosos, con mucho tacto. Transmite mucho. Luego está Juana, que transmite un montón, pero es otro ‘rollo’: si te tiene que decir que algo está fatal, te lo dice.

A Juana, preparadora de la especialidad, la cita, precisamente, como protagonista al contar la anécdota que le hizo ver que una plaza sería suya. «El teórico, la primera parte, lo había terminado, vine aquí, expuse con Juana y Manolo: ¡me dieron tres citas, para que siguiera exponiendo!…y me dieron la enhorabuena. Juana, en otras ocasiones, me decía que era un caso a la hora de exponer, pero ese día vi en la cara de Juana algo diferente; sabía lo había hecho muy bien. Ahí supe que la plaza iba a ser mía».

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‘El día que supe que la plaza era mía’ (X) | Ana Vega, historias de una madre opositora

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Lo contábamos en el primer episodio de El día que supe que la plaza era mía. A todos los aspirantes se les notaba la alegría, pero la energía de Ana Vega era descomunal.

«Una energía que ha sido la nota predominante durante su trayectoria como opositora de la especialidad de Inglés: ha conseguido ser la segunda nota más alta de su tribunal compaginando su preparación, gracias a la modalidad online de Tecnoszubia Oposiciones, con las obligaciones propias de una madre joven. Y como madre joven, las aventuras con su hijo se suceden en la entrevista», decíamos.

Historias de una madre opositora

Ana Vega es nueva maestra de Inglés: sacó su plaza con un 9,46.

«Fui con mi hijo a ver la nota. No quería vivir ese momento sola. Yo lloraba, él también. Fue muy bonito». Ana Vega quiso opositar «por la estabilidad», y se preparó online en Tecnoszubia las oposiciones de la especialidad de Inglés. «Tenía una amiga que no paraba de hablar de Tecnoszubia; hice varias llamadas a gente que había sido tribunal en otras especialidades y todos me decían que se notaba cuando alguien que llegaba se había preparado en Tecnoszubia».

Funcionamiento de la metodología online

Ana Vega se preparó online y reconoce que cuando había cualquier incidencia «rápidamente se solucionaba». Además, «los profesores paraban la clase para que los alumnos que seguían la retransmisión no perdieran el hilo». El contacto con sus tres preparadores -cada uno especializado en una parte de la oposición- fue constante. «José Enrique es muy buen instructor, Carolina es un sol y hace bonito lo que explica. Daniel, San Daniel de tanto que le pregunté, siempre estaba ahí queriendo ayudarme», relata.

Y todos, según sus palabras, seguían el mismo estilo: «Puedes tener muy buenas herramientas, que si no sabes como funcionan…aquí en Tecnoszubia te dan las herramientas, pero sobre todo te dicen cómo funcionan, que es lo esencial».

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«Fui Jefe de Policía Local en Granada; mi objetivo ahora es formar a futuros agentes en Tecnoszubia»

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A nivel profesional, la historia de José Antonio Moreno, Jefe de Policía Local en Granada desde el año 2016 hasta junio de 2019, cuenta con diversos capítulos; uno de ellos, quizás el más mediático, narra su intervención en el accidente que le costó la vida a Luis Oruezábal, más conocido en la ciudad nazarí como Chikito. Moreno no pudo salvar la vida del ex jugador del Granada C.F, pero sí rescató la de su mujer. Su actuación, además, le otorgó la condecoración con la Medalla de Oro y Plata del Ayuntamiento de Granada. Ahora, después de 32 años como funcionario, comienza una nueva etapa como preparador de las oposiciones de Policía Local en Tecnoszubia.

Una vida dedicada al cuerpo de la Policía Local en Granada

Tras el reciente cambio de gobierno municipal, José Antonio Moreno, que también es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la UGR, dimitía en junio como Jefe de Policía Local en Granada. Era el final de un ciclo y la vuelta del agente a un campo, el de la docencia, que no es nuevo para él: «Como docente he estado más de 20 años. Soy licenciado en ciencias económicas y empresariales. Comencé mis pinitos preparando contabilidad pública, después seguí con el tema de las oposiciones a Policia Local», afirma en una entrevista concedida al blog.

Su dilatada experiencia, tanto en la Policía Local como en la docencia, le posiciona como una voz referente en las oposiciones de su especialidad. Su conocimiento sobre este proceso selectivo se mezcla con su pasión por el Cuerpo y da como resultado un preparador vocacional, motivador.  Es algo que se deduce desde el primer momento, cuando José Antonio nos cuenta que su objetivo en Tecnoszubia es el de «Dar a conocer la profesión de policía, las motivaciones como servicio publico, influir en el perfil de las personas, convertirlas en válidas para los cuerpos de seguridad».

«Quiero que mis alumnos sepan cuál es el sentido de ser Policía»

«He tenido a mi cargo a mas de 500 personas -asevera-; y lo que te llega al despacho es que la función pública esta muy denostada por parte de la gente. La gente elige la profesión como una salida profesional atractiva, mas que por una vocación. Se ha perdido el servicio publico, su sentido, lo que implica y el compromiso. De alguna manera, los años en los que he estado como jefe, haber tenido esa posibilidad, me permiten acercar la visión del ciudadano al policía como servidor publico. Se cuenta con muchos funcionarios, pero la expectativa de los ciudadanos con respecto al cuerpo son muy altas. Quiero que mis alumnos sepan cuál es el sentido de ser Policía».

Porque para José Antonio Moreno, solo consiguiendo que el alumno interiorice cuál es la verdadera labor de un agente, tras reducir sus expectativas y adecuarlas a la realidad, se podrá formar en la excelencia. «Veo el deseo que tienen los aspirantes; lo he observado en la primera sesión gratuita que ofrece Tecnoszubia; mi compromiso con ellos es mi trabajo diario y la mejor formación», subraya.

«Llegan años excelentes para opositar a Policía Local en Granada»

Su llegada a Tecnoszubia como preparador de las oposiciones de Policía Local coincide con la reciente aprobación de la jubilación anticipada, medida que equipara a los policías locales con el resto de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Este reglamento, según palabras de Moreno, supone una «inminente renovación de las plantillas», lo que conlleva inaugurar una época «excelente» para opositar a Policía. «Es una oportunidad de empleo magnífica. En Granada han salido 49, en Córdoba más de 90 y en Sevilla más de 100. Vamos a vivir tiempos muy buenos de ofertas de empleo en Policía Local».

Así, los aspirantes tienen en los últimos meses de 2019 un momento idóneo para iniciar su formación. Según el preparador, lo ideal son «18 meses de preparación». No obstante, todo depende, explica, «del trabajo diario y la perseverancia del opositor; el nivel es cada vez más alto en este proceso selectivo».

Pruebas, plazas y requisitos para Policía Local 2019

Hace unos días nos hacíamos eco de la apertura de plazo para optar a una de las 49 plazas para el cuerpo de Policía Local en Granada. Te invitamos, además, a que leas este artículo, en el que desgranamos todos los detalles que necesitas para ser Policía Local en Granada: requisitos, pruebas… 

Recuerda, además, que en Tecnoszubia están los grupos abiertos para esta especialidad; infórmate de todo en el siguiente enlace. 

 

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«El día que supe que la plaza era mía» (VIII) | La decisión de Juan Orozco

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Sin paliativos: Juan Orozco hizo tambalear los cimientos de su vida cuando, hace un año, salió la convocatoria de las oposiciones de maestros. Fue en septiembre: «Decidí preparármelas en un momento de mi vida especial. He trabajado en varios sitios, trabajos de verano muy cansados. Pero mi sueño fue siempre ser maestro de Educación Física. Cuando vi que salieron supe que era mi momento. Dejé el trabajo en septiembre y me apunté», subraya para Aspirantes.

La decisión, arriesgada y no siempre recomendable, tuvo sus frutos: era la primera vez que se presentaba a las oposiciones de maestros de Educación Física y ha sacado un 9,18. «Sé que no ha sido casualidad, sino por haber recibido muy buenas directrices: pese a todo, cuando lo vi no me lo creía, fue superespecial», afirma, ya con su plaza.

«Una metodología muy visual»

Argumenta Juan que la metodología utilizada en Tecnoszubia, a él, por sus características, le vino especialmente bien: «A nivel de materiales y recursos, me ha venido muy bien, es una metodología de estudio muy visual, siempre recuerdas con qué empiezas cada folio; para mí, que tengo memoria fotográfica, me resultó mucho más sencillo».

Más allá, Juan reconoce haber tenido una relación «excepcional» con su preparador, Gabriel. «Se sabe todos los trucos: cómo mejorar los temas, aumentar los puntos de cara al examen…». Un manejo de la situación, el de su preparador, que consiguió que Juan terminase por dominar el único punto flojo que llevaba, la Unidad Didáctica. «Estuve dándole vueltas a una Unidad Didáctica hasta que se me ocurrió relacionarla con un tema en concreto. Me quedo muy bien, así que cuando vi en el examen la bola que cayó, supe que la plaza sería mía».

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«El día que supe que la plaza era mía» (VII) | Cuando Gádor aprendió a exponer

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Su pasión por los niños y la certeza de que se aproximaba una convocatoria histórica le hicieron decidirse: su futuro estaba en la educación pública. La aventura de Gádor en las oposiciones de Audición y Lenguaje comenzó hace un año y ha estado marcada por la exigencia y la superación; para conseguir su plaza con una media de 8,6, Gádor tuvo que vencer sus reticencias a la hora de exponer, pero también ha aprendido a llevar sus capacidades al límite. «Estar en una academia me ha permitido exigirme más;  estar con compañeros muy buenos, con muchos años de servicio…te obliga a superarte y a aprender a llamar la atención del tribunal de nuevas formas», afirma.

Ser original en las exposiciones es algo que Gádor ha trabajado desde el primer momento, cuando todavía «le costaba salir voluntaria». «Hicimos muchísimas exposiciones, algo que me vino muy bien para aprender a desenvolverme».

Aprender a desenvolverse…también en el día a día

En la Universidad, un profesor le recomendó que probara suerte en Tecnoszubia; un consejo que a Gádor le cambiaría la vida. Nuestra alumna nos cuenta ahora que se va feliz con la formación recibida; sobre todo porque, más allá de lo básico, ha aprendido una serie de pautas que le van a ayudar durante estos días, en los que ha comenzado sus prácticas como maestra de Audición y Lenguaje. «Estoy muy feliz, he aprendido mucho, ya no solo de la oposición, sino pautas que me van a servir cuando me incorpore en septiembre. Me han enseñado a trabajar, por ejemplo, la forma de llevar los supuestos…la forma de trabajar en un colegio. No es solo oposición, sino día a día».

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«Siempre he pensado que los demás me dan mil vueltas, que no tengo experiencia, que lo mío ha sido suerte»

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Todo iba sobre ruedas: si hubiera un manual del buen opositor, este le copiaría parte de sus argumentos a Plumita Verde.


Plumita_Verde es el perfil de Instagram donde una asturiana de 27 años ha documentado varios años de estudio y esfuerzo. Allí, tiene 11.500 seguidores y un reguero de fotos de subrayadores, estuches, agendas y apuntes ordenados con pulcritud; sin embargo, su cuenta es mucho más que una oda al bodegón del opositor.

Prefiere no dar su nombre real, pero un análisis rápido de su perfil es suficiente para intuir cómo es la persona que hay detrás; una aspirante luchadora, metódica y constante. Lo observamos en el contenido que ha ido subiendo durante estos años; publicaciones y pies de foto a través de los que ha ido relatando un proceso que ha culminado, durante las oposiciones de 2019, en la consecución de su sueñoSí, Plumita Verde ya es maestra de Primaria con plaza.

Y pese a todo, hoy siente que el éxito no le pertenece. Que todo lo ha conseguido por la divina incidencia de la suerte. Que sus compañeros se lo merecen más. Tiene un trastorno cada vez más habitual: el síndrome del impostor.


[Pregunta] ¿Puedes recordar tus comienzos en el mundo de las oposiciones?

[Respuesta]  Mi andadura por las oposiciones empezó en 2014 como algo natural y ligado a la carrera de magisterio: en mi cabeza no existía otra salida. El primer año, convocatoria de 2015, lo compaginé con un máster y se me hizo dificilísimo intentar seguir un ritmo de estudio, siempre priorizaba otras cosas como el TFM. Llegó el examen y llevaba estudiados muy poquitos temas, pero tuve suerte y uno de ellos estaba entre los que salió, así que logré aprobar y, con ello, entrar en bolsa y trabajar. Pero no me servía con eso, yo quería mi plaza; una estabilidad económica y dedicarme a aquello que me apasiona. Así que en 2016 tocó presentarme por la especialidad de Orientación. Esta vez dedicada al 100% al estudio porque la bolsa subía pero mi número no llegaba. Me esforcé, pero algo me decía en la cabeza que no lo estaba haciendo bien, que seguro que podría hacer más y que habría personas haciéndolo mejor que yo.

[P] ¿Qué pasaba por tu cabeza en ese momento?

[R] En ese momento, tenía la idea de que si salía mal el examen iba a defraudar a mi familia. Fui al examen con muchísimos temas estudiados, pero no todos. Llevaba más del 70% del temario, las posibilidades de que me saliese una bola buena eran altísimas. Pero no salió y, aún así, conseguí aprobar el examen porque tenía una base de otros temas y de legislación. Con todo, mi sentimiento fue de no merecerlo. ¿Cuántas personas habrían hecho el examen bien, habiéndose estudiado ese tema y no lo habían sacado?  Y yo…¡No me lo merecía! Había sido suerte. ¿Se repetiría en la siguiente?, -pensaba-.

[P] Continuaste con tu formación…¿Se convirtió ese pensamiento en algo recurrente?

[R] En 2017 no hubo opos y en 2018 se repitieron las de Orientación. Esta vez tocó compaginar con una media jornada en un colegio que me hizo sentir que lo que realmente quería era el magisterio. Ese año me volví a esforzar mucho. Llegué al examen y, de nuevo, aprobé. De las personas que tenía alrededor fui la que mayor nota saqué y, bajo mi punto de vista, la que peor haría el trabajo porque tenía menos experiencia. Otra vez esos pensamientos en mi cabeza: no me lo merecía. Una amiga mía, psicóloga, con experiencia, más madura, con más base… se lo merecía más. Y, como ella, otras amigas más. Yo solo había tenido suerte.

[P] Llega el año 2019 y consigues, por fin, la plaza.

[R] Así es. Desde un principio en mi cabeza se asomó la idea de que este año era el definitivo: ya tenía algo de baremo y experiencia enfrentándome al examen, pero siempre apartaba ese pensamiento; pensaba, de nuevo, que yo no tenía experiencia suficiente, que hay gente que me daba mil vueltas. El año fue horrible. Mi rutina en el trabajo no estaba siendo exactamente buena. A veces eso ocurre. Hay personas que creen que por ser funcionarios de carrera son más que los interinos, o que por ser más mayores son mejores, o que tener más experiencia les da derecho a no tomarte en serio. Un año entero conviviendo con eso, día a día, supuso muchas dificultades a la hora de estudiar la oposición. Una ansiedad que me acompañaba en cada momento. Esa sensación de no servir para aquello por lo que estaba luchando, volvía, esta vez motivada por alguien externo.

[P] ¿Te planteaste abandonar?

[R] ¿Abandonar? Sí, esta vez me vino una y otra vez a la cabeza. En momentos puntuales, en momentos en los que el cansancio se apoderaba de mí y hablaba más él que yo.

[P] ¿Recuerdas cómo fue el día del examen?

[R] Salí del teórico pensando que había hecho un desastre. Fui a leerlo y seguí pensando que era un desastre. Y no solo no fue así, sino que saqué un 9. Mi reacción durante las dos primeras horas fue pensar que se habían equivocado. Lo comprobé mil veces porque pensaba que no… que no podía ser verdad. Llegó el práctico, me tocó de las últimas, así que tenía tiempo para preparar las cosas. El día de la defensa conocí a los compañeros del tribunal, que también habían aprobado y jolín, mayores, más jóvenes, con grandes carpetas, con maletas… Intentaba imaginar de qué harían la programación, de dónde vendrían… Establecimos conversación y conocí a gente con mucha vocación, gente con grandes ideas y experiencias. Sin duda, se merecían la plaza.


Salí de la defensa contenta, pensando que no llegaría a la plaza, pero al menos conseguiría subir en la lista. Salen las notas nuevamente: tengo otro 9. Mi reacción en parte fue pensar que había tenido suerte por ser de las últimas, suerte porque en mi tribunal les gustaba mi metodología y suerte porque sí. Ahora quedaba saber si optaba a plaza.  Y la saqué. Pero mi amiga no. Y ahí empecé otra vez: «Ella había estudiado más, ella se había esforzado más, ella sabía más, ella tiene más experiencia»… A día de hoy, pienso que el proceso es injusto y que se necesita una pizca de suerte, pero que me lo he trabajado y que me lo he merecido.

[PAhora, que estás de maestra en prácticas, es cuando le has puesto nombre a todos aquellos pensamientos intrusivos…¿estás siguiendo algún método concreto para superarlo?

[R] Sí, porque todo esto me sigue ocurriendo. Llego al colegio como funcionaria en prácticas y me da apuro decirlo porque veo interinos mayores y con más experiencia que yo. Días después leo en un perfil de Instagram lo que es el síndrome del impostor y veo que cuadra bastante con ese sentimiento de no merecer lo bueno que había conseguido. Hace dos semanas que he conocido lo que es el síndrome, por lo que apenas me ha dado tiempo a pensar. Por una parte, supongo que también le he restado importancia como si no fuera algo malo. Yo creo que parte de una autoestima dañada y es algo en lo que este año me estoy proponiendo trabajar, empezar a creer en mí, en mis posibilidades y a quererme más. ¿Cómo? Buscando ayuda. Y ahora que lo pienso sí que puedo acordarme de otros momentos en los que he sentido: las buenas notas en el
instituto, las de la carrera… siempre les restaba importancia, como si no fueran el resultado de un esfuerzo y trabajo.

 

[P] ¿Como te sientes en tu puesto actual?

[R] Sé que suena raro, pero es como si no lo hubiese asimilado. En mi oposición, con la plaza consigues una consolidación de tu trabajo y poder quedarte en un centro de referencia a partir del año de prácticas. Así que este año realmente sigue la dinámica que he seguido los años que he trabajado: colegio nuevo, ser de las últimas en elegir, conocer compañeros y compañeras, niños y niñas y, también, tener bastante claro que el año que viene estaré en otro centro, ya que nos toca concurso de traslados.

Estoy feliz porque me encanta mi profesión y noto el descanso de no tener que llegar a casa y estar preocupada estudiando los temas y teniendo el agobio de compaginarlo todo. Pero, por otra parte, no noto esa diferencia. Eso lo hemos hablado en el cole estos últimos días y muchas compañeras decían que ellas no habían sentido ese «descanso» o «felicidad total» hasta por lo menos dos años después cuando ya estaban asentadas

 


[P] Sobre Plumita Verde, tu cuenta de Instagram; ¿ha supuesto un plus de ansiedad o te ha servido realmente para desconectar?

[R] Mi cuenta de Instagram ha sido algo positivo siempre. Me ha ayudado a estar acompañada en el proceso de opositar, ya de por sí solitario. Es verdad que en el 2018, la primera vez que me presenté al examen teniendo la cuenta, se me pasaba por la cabeza que si suspendía decepcionaría a mucha gente y me generaba un nerviosismo extra. Pero llegó un momento en el que entendí que la comunidad que hemos formado es tan positiva que me hubiesen trasmitido cariño y no decepción. Así que no lo cambiaría por nada; creo que esta cuenta ha sido una de mis grandes herramientas para conseguir mi meta.

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