Romper con todo para volver más fuertes: cuatro historias que nos recuerdan que se puede despegar hacia la plaza a cualquier edad

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Hay algo realmente inspirador en nuestras aulas: las historias de aquellos que, en su madurez, deciden cambiar. Sin el impulso propio de la juventud, pero con la energía del que siempre supo que su destino era otro. Es el caso de Eli López, que pasó de los sacrificios de ser autónoma a los de la oposición, de Loli Castillo, que antepuso la maternidad al mercado laboral durante un tiempo o de Eva Gutiérrez, que siempre creyó en la calidad de vida asociada al funcionariado. 

¡Te dejamos sus testimonios junto con los vídeos de sus entrevistas!

«Tenía un negocio y echaba muchas horas: no quería acabar así el resto de mi vida»

No se sentía cómoda Eli López en su condición de autónoma: tenía un negocio propio, sí, pero también una vida que se basaba en levantarse a las 7 de la mañana y terminar por la noche de trabajar. «No desconectaba nunca; mi marido trabajaba de noches, por entonces, y nunca lo veía. Éramos compañeros de piso, nos veíamos los fines de semana». Con 39 años decidió cambias, pero tuvo dudas: «Pensaba: ¿A estas alturas? quizá no soy capaz». Al final pudo, claro que pudo.

«Ahora me alegro, pero he pasado momentos feos. Elegí estudiar después de años sin abrir un libro; ¿la recompensa? No hay manera de explicarlo». Eli López ha conseguido plaza recientemente en las oposiciones de Auxiliar Administrativo del Estado en Andalucía. 

«Cuando decidí tener hijos, quise criarlos yo a tiempo completo»

No nos salimos de las oposiciones de Auxiliar Administrativo, pero esta vez nos vamos a las del Estado. Loli Castillo estuvo mucho tiempo, reconoce, «desligada» del mercado laboral. «Cuando decidí tener hijos, quise criarlos yo, y fue a tiempo completo; eso me desligó del mercado laboral. A la vuelta era muy difícil, a mi edad y siendo mujer, acceder a cualquier puesto de trabajo. Necesitaba cambiar y pensé que lo mejor era opositar».

Decidir opositar es algo que Loli Castillo se tomó como «un regalo hacia ella«. «Yo me lo merezco: ahora se me ha abierto un mundo de posibilidades. Tener una plaza me da una tranquilidad que antes no tenía; ya no estoy en el filo de la navaja». Ahora Loli es independiente económicamente y su crecimiento personal se ha disparado: «Es el boom de mi vida», concluye. 

«Estudié Psicología, pero quería ser Orientadora y lo dejé todo»

Primero, la carrera de Psicología. Y como tantos, Noelia Espinosa se dio cuenta, un tiempo después, que su futuro estaba en un puesto relacionado, pero diferente. No lo dudó y, tras un primer intento de opositar, decidió apuntarse a Tecnoszubia. «Cuando volví en 2018 a plantearme opositar, pregunté a varias personas y todos dijeron Tecnoszubia. Me apunté y aunque Tecnoszubia no se saca la plaza por ti, hay muchísima diferencia con respecto a otras academias».

Ya tiene la plaza de Orientadora y unas condiciones laborales óptimas: «¡Las que tendrían que tener todos los trabajos!», subraya. 

«Puse en una balanza la calidad de vida y lo demás y decidí opositar»

La sensación de «no tener vida». La de tener que «cambiar». Todo eso es lo que nos contaba Eva Gutiérrez el pasado verano, con la plaza de profesora de FOL recién conseguida. «Yo tenía un trabajo muy estresante, que me ocupaba muchísimo tiempo, no tenía casi vida personal. Decidí que prefería poner en la balanza la calidad de vida y salió ganando”. No fue fácil, claro, y hubo miedo, mucho. «En mi caso fue un reto, por la edad, y compito con gente joven, quizá con más memoria y más tiempo. Pero lo importante es tener vocación; con eso e ilusión, yo les diría a todos que lo intenten, independientemente de la edad”.

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