Historias de nuestras aulas | Maestra Rocío


«Soy la más chica de cinco hermanos, tres mujeres y dos hombres. Conmigo, mi madre tuvo un parto difícil: estábamos en el extranjero, en México, cuando decidí nacer. Antes de que la metieran en el paritorio, ya tenía fuera mi pie derecho. Lo último que saqué fue la cabeza. Esa situación me provocó una hipoxia, una falta de oxígeno, lo que hizo que estuviera un tiempo en la incubadora: pesaba 1 kilo y 700 gramos. A partir de ahí he tenido algunas dificultades en la vida…»


Rocío León, desde su nacimiento, padece una discapacidad intelectual leve fruto de una lesión cerebral originada en un parto prematuro. Una característica que la diferencia del resto, pero que no le impide postularse como una brillante maestra de Pedagogía Terapéutica (PT) en busca de plaza. «Es mi sueño, mi ilusión, poder ayudar a niños como yo», repite durante la entrevista realizada por Aspirantes.

Con significativo afán didáctico, detalla su peculiaridad: «Te explico: de ello habla el tema 20 de mis oposiciones. Hay cuatro grados de discapacidad intelectual: leve, moderada, grave y profunda. Yo tengo la leve, la que conlleva un coeficiente de 50/55 a 70. Diría que tengo un 65, 66 o 67″.

Las alas de Rocío

Las dificultades que ella cita y que se han manifestado durante toda su vida tienen nombre y apellidos: problemas de pronunciación -rotacismo-, acoso escolar o la más reciente y que hoy le quita el sueño: un comentario negativo vertido desde el tribunal que la evaluó tras presentarse en 2017 a las oposiciones de maestros de Pedagogía Terapéutica.

«Ya me había presentado en 2015 en Murcia. No me fue bien. En 2017 me volví a presentar, pero esta vez en Andalucía. Pensaba que ese iba a ser mi año: en el tema saqué un 6 y en el supuesto un 4. La nota media que me salía era de un 4,8. Así que al día siguiente fui a hablar con el tribunal. Y salí llorando: me dijeron que no servía para maestra, que me dedicara a otra cosa».

Lo recuerda Rocío, sin poder contener las lágrimas.

A la aspirante le esgrimieron varias razones: que no habló lo suficiente sobre las discapacidades o que, en sus textos, no había puntuado correctamente las enumeraciones. «Detalles que no están en los criterios de evaluación que a nosotros nos dan; se lo sacaron de la manga, quizás para no reconocer abiertamente que pensaban que por mi discapacidad no era válida«, opina.

Las palabras del tribunal funcionaron como si le «clavaran una espada». Pero dos años después, con las oposiciones de este año en su punto de mira, Rocío sigue con las alas intactas. 

Cuando el camino hacia la inclusión…

Este año, se va a volver a presentar por el cupo de discapacitados. Tal y como plantea la normativa, lo va a hacer, como en años anteriores, acompañada de un certificado de aptitud de desarrollo de la profesión que, previamente, le ha otorgado un equipo compuesto por un médico, un trabajador social y un psicólogo. Un documento que se suma a los títulos que copan su currículum académico: Rocío tiene un grado medio y superior de administrativo, la carrera de magisterio, la de pedagogía terapéutica y un máster.

Ella misma hace alusión a sus años de facultad como «los mejores», tras la odisea que supuso la Secundaria. «Tuve muchos problemas en 3º de la E.S.O, hasta el punto de querer dejar de estudiar; pero en los años de facultad no sufrí bullying, ni nada. Todos me ayudaban: compañeros, profesores…nunca los olvidaré. ¿Que si he tenido alguna dificultad para sacarme la carrera? Ninguna: en la facultad nunca se me sugirió que podría tener algún problema a la hora de opositar», subraya.

Pero la colección de títulos y experiencia que Rocío alberga (lleva años cuidando a niños y trabajando con la familia de un chico autista) no sirve de nada si un tribunal considera que no es válida, como le quisieron hacer ver hace 2 años.

Una de sus preparadoras en Tecnoszubia Oposiciones, Isabel Padilla, lo explica: «La normativa establece que, además del certificado, el tribunal tendrá la potestad de determinar la capacitación profesional de la persona. Son normas externas.  Nosotras -las preparadoras de PT- no lo entendemos, no sabemos en qué se basa el comentario que le hicieron: ella presentó su certificado de aptitud obtenido un mes antes; ¿quiénes somos nosotros para decir que no es valida?».

Desemboca en la excelencia

Para entender el peso de su historia hay que conocer cómo se desenvuelve como alumna; una de las paradojas del relato. Porque, tal y como argumenta Padilla,»Rocío lleva una preparación y se acerca a un nivel de excelencia impresionante. Se exige una barbaridad, trabaja muchísimo». Ana Arribas, también preparadora en Tecnoszubia, añade: «Durante los primeros días en la academia, nos trajo su certificado de discapacidad. Yo en principio pensé que iba a tener dificultades. Pero en la tercera o cuarta semana me dejó impresionada: no entendía por qué me trajo ese certificado. A mí lo que me sorprende es su capacidad. Es tremenda. Se sabe el temario con puntos y comas. No hemos visto a nadie que controle el temario a ese nivel. A nosotras, las preparadoras, se nos puede olvidar algo. A ella nada».

Desde un primer momento, saltan a la vista sus capacidades. Se ven cuando ella te explica las características de lo que, oficialmente, es su discapacidad.  Lanza continuas referencias a aspectos teóricos de su campo, de forma natural, en cualquier punto de la conversación; no busca demostrar nada, sino explicar conceptos técnicos que a los que estamos allí se nos pueden escapar.

Y saltan a la vista, sobre todo, cuando ella o su compañera Sonia, que la acompaña, hablan de su rutina como alumna.

Rocío recuerda que en la facultad siempre exponía ella porque sus compañeros se lo pedían: «a ellos les daba vergüenza», reconoce.

Igual de significativa es la situación que se da los sábados en la academia. Lo explica Sonia: «Ese día estamos los dos grupos de Pedagogía Terapéutica juntos: no sé cómo los del otro grupo se han enterado de la existencia y capacidades de Rocío, pero ellos ya le piden que vaya a su clase a que les corrija las defensas del plan de apoyo de la unidad didáctica». 

Entre discapacidad y potencialidad

Si el objetivo de un profesor de PT es propiciar la integración e inclusión del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, el caso de Rocío debería representar la consecución de la cuadratura del círculo; al hecho de su inclusión solo le falta el apellido de oficial.

Las dos preparadoras y Sonia inciden en que el potencial que tiene como maestra es evidente: «Es un modelo; para niños como ella, es tener el ejemplo de que se puede; para los padres, es la muestra de a dónde pueden llegar los hijos. Nos la imaginamos como una buena docente, ella lo ha vivido; tiene un montón de conocimientos y además sabe cómo hay que ser con una persona discapacitada». En esto incide una de sus preparadoras: «No hay que centrarse en las discapacidades, sino en las potencialidades de las personas, gente que no tiene esa peculiaridad también tiene discapacidades de algún tipo. Yo misma tengo muchas discapacidades que no están escritas en ningún sitio».

Su compañera Sonia, concluye: «No entiendo que el tribunal le dijera que no es válida. Ellos son profesionales de la pedagogía terapéutica. Ellos saben que no todo el mundo puede llegar ahí, y si un maestro de pedagogía terapéutica echa para atrás a un aspirante con discapacidad diciendo que no es válido…»

Maestra Rocío: los docentes también se emocionan

Rocío, superhumana, se emociona cuando recuerda momentos malos y ríe con fuerza cuando le preguntamos por la edad.

Es uno de los elementos que la diferencian de los que estamos allí: con educación, intenta no encerrar dentro de sí misma ningún sentimiento que, en el contexto de una entrevista, pueda sumar. Ella quiere hacerme entender cómo se siente y, de nuevo, superhumana, utiliza para comunicar todo lo que tiene a su alcance, todo lo que la convierte en especial.

Termina la conversación y Rocío, al explicar cómo se ve como maestra, aprovecha, quizás acostumbrada a que la sociedad señale la expresión sincera, para pedir perdón.

«A los niños les enseñaría y exigiría como han hecho conmigo: con cariño y ternura. También intentaría ser divertida; porque yo soy divertida. Y perdona si he llorado: los maestros también se emocionan».

 

 

Historias de nuestras aulas (I) | Mujeres, madres y opositoras

Nunca he opositado, pero el esfuerzo que conlleva conseguir una plaza me resulta tremendamente familiar. Me crié de la mano de una opositora; soñadora, ambiciosa e inconformista. Mi madre me habla de quemar la comida por dar el último repaso; de ser yo un bebé, jugar conmigo con una mano y subrayar con la otra. Por eso, cuando Ana María, Angelina, María, Ana y Arantxa, cinco madres y opositoras que se preparan en Tecnoszubia, me cuentan su historia, empatizo rápido con ellas. Evoco al niño que creció viendo a su madre encerrada, entre apuntes.  Sus relatos, que dignifican el proceso de opositar, me retrotraen a ese pasado reciente en el que la vi conseguir, por fin, su plaza. Me conducen hacia un camino sinuoso, pero en cuyo horizonte aparece la -siempre sugerente- estabilidad laboral. Ellas me dibujan cómo es el sacrificio de ser madre, mujer y opositora.

Exponer durante el embarazo: el relato de Ana María

Madre y opositora: Ana María

Si tuviera que destacar un sentimiento común a estas cinco opositoras, sería una culpa autoinducida. De las palabras de estas mujeres se extrae una lucha interna entre su vocación y la necesidad de cuidar a sus hijos y llevar «las cosas de la casa».  Una de las luchadoras que lidia con este contexto es Ana María, opositora a Pedagogía Terapéutica que lleva 5 años inmersa en su preparación. Nos cuenta que decidió opositar antes del nacimiento de su hija. «Hice magisterio y tenía claro que quería mi plaza en un centro público», recuerda.

El temario de Pedagogía Terapéutica, tal y como reconoce, «es especialmente complicado». Una traba que, ni mucho menos, ha hecho que se rinda: «pensaba en mi hija y me daba fuerzas. A mí mismo me decía: con mi marido, pronto vamos a ser tres, no estoy yo sola. Esto me llenaba de ganas». Su motivación era tal que llegó a presentarse a su examen, por primera vez, estando embarazada. Así, rememora que su prueba oral, la exposición, se le hizo «cuesta arriba»: «Tenía mucho calor, estaba mareada, nerviosa…¡hasta me tocó exponer la última!».

Luchar contra la culpa

Han pasado tres años de aquello y Ana María está ahora en otra etapa. Compagina las oposiciones con la crianza de su hija, ya con tres años de edad. Vive con su marido y hace unos meses dejó un trabajo «alejado completamente de la docencia» porque «no tenía tiempo para la preparación». Llegados a este punto, intenta llevar su estudio de la mejor manera, algo que, reconoce «no es fácil».

«Sientes que estás abandonando a tu hija, aunque no sea así. El segundo año que me presenté a las oposiciones, la niña tenía un año y medio. Intentaba, con ella en casa, ponerme por mi cuenta, pero era muy difícil (…)»

-«¿Mamá quién es?» -insiste, de fondo, Daniela, hija de Ana María.

– «Ponte a dibujar, luego te lo explico», responde su madre.

(…) «Así que tres meses antes de las oposiciones pensé en irme de 8 a 20h a la biblioteca y dejar a la niña al cuidado de un familiar. Es algo por lo que hay que pasar. No estaba con ella en ese momento, pero es por un futuro mejor. Nacía una lucha contra la culpa de la que he salido más fuerte: ahora valoro más el tiempo que tengo para estudiar, cada rato que tengo libre intento desconectar de todo y ponerme en serio a estudiar», concluye.

Cuando Arancha «aprendió a delegar»

Madre y opositora: Arantxa

Cuando llamo a Arancha, me cuenta que está marchándose de la manifestación del 8 de marzo por el Día Internacional de la Mujer . Tiene 40 años, dos hijas -una de 12 y otra de 8- y se prepara las oposiciones de Infantil desde hace 4 años. «Yo hago huelga y vengo con mis hijas porque tienen que tener conciencia social; no nos podemos conformar con lo que tenemos ahora, sé que su generación va a conseguir lo que nosotras no hemos podido», esgrime.

A esta madre y opositora la despidieron, tras la llegada de la crisis, del colegio en el que estaba trabajando «desde que terminó la carrera». En ese momento sólo vio una alternativa: opositar. «Era la forma más segura de dedicarme a lo que me gusta, a lo que se me da bien. Quería seguir siendo maestra».

Así, Arancha, «tras dos años en Castilla La-Mancha en los que ha trabajado como interina y tuvo que alejarse de sus hijas», ha vuelto a Granada con una idea clara: «estar al 100% con la preparación de sus oposiciones». Para conseguirlo, su familia ha formado un entramado que favorece su estudio. «Tengo suerte; mi contexto es permisivo conmigo, me valoran y no me presionan. Tengo claro mi objetivo y ellos me comprenden. Nunca me he planteado dejarlo y ahora es el momento de conseguirlo».

Organización familiar

De esta forma, la rutina de Arancha es sencilla: por la mañana estudia, por la tarde estudia y por la noche también. Eso sí, no deja a sus hijas de lado. «Por las tardes nos organizamos entre abuelos, su padre cuando no trabaja …y algunas tardes que me toca a mí, claro».

Una buena organización familiar no quita que Arancha «no se machaque la cabeza», tal y como ella lo define, con el sentimiento de culpa por no poder estar al 100% con sus hijas. «No es que de vez en cuando me asalte esa lucha interna sino que es algo que está siempre en mi cabeza. Si me voy a la biblioteca 7 horas al día, no puedo atender lo que debería a mis hijas; al final he tenido que aprender a delegar».

Opositora, madre soltera y trabajadora: «Soy una malabarista»

Madre y opositora: Angelina

«¿Que cómo saco tiempo para trabajar de reponedora, opositar y cuidar de mis hijas siendo soltera? ¡Soy Malabarista!», bromea Angelina. Esta madre soltera de una niña de 12 años y opositora a la especialidad de Primaria, lleva, con la de este curso, cuatro convocatorias. Casi diez años enfocada en conseguir una plaza de lo que ella, considera, «es mi vocación y mi pasión: la enseñanza».

Trabaja como reponedora en Hipercor de 7 de la mañana a 11 y 30. Cuando sale de trabajar, explica, «pasa a ser ama de casa». Hace la comida, espera a que sus hijas lleguen del colegio y a partir de las 16.00 «se convierte en opositora». «Intento llevarlo todo de la mejor manera que pueda con la ayuda de mi familia y amigos», subraya.

Angelina es consciente de que siempre «va a la retaguardia de las aspirantes, más jóvenes, que tienen más tiempo para estudiar», pero no por ello considera «tener más mérito». «Aunque para mí es un doble sacrificio, cada uno tiene la situación que tiene; yo tengo a mi hija y pensar en ella es una dosis extra de motivación. Lo hago por mí, pero también por ella; quiero terminar dedicándome a mi vocación sí o sí».

Equipo de 4

Madre y opositora: María

El apoyo de maridos y familias -abuelos, tíos…- representa otra constante en estas historias. De hecho, en el caso de María –49 años, opositora de Francés, con dos hijos de 13 y 16 años- fue su marido el que le sugirió, tras terminar su carrera hace poco, que luchara por una plaza.

María no trabaja fuera, pero ejerce como ama de casa («A veces parece que no es un trabajo, pero sí lo es», señala). Así que «entre lavadora y lavadora», como ella lo cuenta, «hace resúmenes». O cuando va a comprar, se va «chocando con las paredes por ir mirando en el móvil la foto de algún esquema».  Por la noche, antes de dormir, «repasa todo lo que ha estudiado».  «Claro: al final nunca termino de desconectar», lamenta.

La preparación de María no sería posible sin la ayuda de su marido -una figura importante que «colabora en todo lo que puede»- ni sin la de sus hijos. «¿Mis hijos una motivación?» -explica-; y no sólo eso: han sido mis conejillos de indias. Con ellos he aprendido a ver cómo puede aprender un niño. Son muy diferentes, en ellos he visto las diferencias de aprendizaje. Mi hija, en matemáticas, por ejemplo, tiene un razonamiento muy diferente al de mi hijo. Me animan mucho, además, a que siga estudiando. Somos un equipo de 4″.

Entre lasañas que se queman «por ir a contrarreloj» y citas a las que llega tarde, María continúa su preparación. Ella tampoco considera que tenga más mérito que nadie; «simplemente he elegido opositar en el momento en el que es más adecuado para mí«, sentencia.

«¿Mi hijo? una inspiración»

Con 35 años y un hijo de 3 años, Ana Soria  –que ha preferido preservar su intimidad y que no incluyamos foto lucha por una plaza como administrativa de la Junta de Andalucía. Por las mañanas es opositora, por las tardes cuida de su hijo.

«Por la mañana me levanto, llevo al niño a la guardería y cuando lo dejo allí, a las’ 9 y algo’, directamente me quedo estudiando en la biblioteca. Sé que si me vengo a casa me pongo a hacer otras cosas y no estudio. Así que me quedo en la biblioteca hasta las 14.00. Por la tarde toca ser madre».

Esta opositora reconoce, además, que, frecuentemente, pelea con «la culpa y los bajones», pero que se levanta gracias al apoyo de su marido, su familia y su hijo. «A veces siento que me estoy perdiendo el crecimiento de mi hijo, veo que no puedo ir a la playa con mi marido. Lo paso mal, pero mi hijo es mi inspiración. Quiero darle una vida mejor, un futuro. Eso es lo que me motiva».

La primera Navidad como funcionarios de Juan, Mercedes y Marta: «ahora afrontamos la vida de otra manera»

¿Cómo vive la Navidad el opositor?  Pensamos esta pregunta como leitmotiv del I Concurso Fotográfico Aspirantes intentando lanzar un guiño al estudiante de oposiciones al que se le pierden las fiestas entre la inmensidad de su escritorio. Cuando tu trabajo es tan intangible como el de prepararte unas oposiciones, es difícil justificar de puertas afuera que este año tu Nochevieja ha de ser light porque al día siguiente tienes que madrugar para seguir estudiando. Cuando tu rutina se basa en llevar a cabo interminables sesiones de repaso para que, en la criba de esa esclavitud autoimpuesta, se salven dos o tres horas de estudio productivo, es difícil acudir con la mejor cara a esa cena familiar.

Mercedes, Juan y Marta son tres exalumnos de Tecnoszubia Oposiciones que bien saben todo esto. Conocen de sobra el proceso de opositar. Obtuvieron plaza en las últimas oposiciones docentes y ahora se enfrentan a la fase de prácticas en distintos puntos de España; Sevilla, Almería y Granada han sido sus destinos. Sus historias son especiales. Aprendieron en nuestras aulas, lucharon y se sobrepusieron a numerosos obstáculos con la bandera del esfuerzo. Te contamos cómo han sido los primeros meses en sus institutos, cómo están viviendo sus primeras Navidades como funcionarios, qué consejos dan a los aspirantes y cuáles son sus deseos para 2019.

Mercedes (Tecnología)

«El 27 de diciembre nació mi primera sobrina. La verdad que había momentos en los que, obviamente, estaba con ella; toda la familia nos habíamos volcado. Pero yo entendía que tenía la responsabilidad de seguir estudiando. Lo recuerdo como un momento contradictorio: quería disfrutar de ella pero no me podía sacar de la cabeza el estudio».


Mercedes Moreno, de 31 años, ejerce, desde septiembre, como funcionaria docente en fase de prácticas. Hoy, vive un momento que ella define como «de tranquilidad». Con los deberes hechos y la plaza sacada, Mercedes ha olvidado aquellos días «de nerviosismo, inquietud y agobio» que supusieron para ella las Navidades de 2017. Unas fechas marcadas por el sacrificio en las que «no pudo disfrutar como debía del nacimiento de su sobrina» pero que, según reconoce ahora , «todo valió la pena».

Porque para esta docente, el estrés asociado al proceso tuvo su punto álgido el pasado año. «Durante la Navidad estaba demasiado agobiada. Tenía en la cabeza la necesidad de hacer más cosas de las que debía. Cuando llega el año de la oposición y salen las plazas de la convocatoria, comienza la inquietud, te pones nerviosa. Quieres tenerlo todo preparado». Por suerte para ella, todo salió bien y vive un momento dulce; ejerce su profesión en un centro de compensatoria en Sevilla.

Docencia con labor social

Tal y como nos explica, los centros de compensatoria «se encuentran en un determinado barrio y localidad en las que hay más necesidades por el nivel socioeconómico de la zona». Todo esto repercute, argumenta, «en un alumnado que, por lo general, no quiere seguir estudiando y está un poco forzado hasta los 16». Esta situación, que obliga al profesor a integrar una labor social en su práctica profesional, no ha sido un obstáculo para Mercedes. «De hecho, a día de hoy, puedo decir que lo prefiero.  Es muy gratificante cuando consigues algo con este tipo de alumnado», reconoce. De igual forma, pone un ejemplo significativo de cómo esto se traduce en su día a día: «Tengo el caso de un alumno mío que siempre que me ve me da un dibujo, un abrazo. La gente que tiene poco valora un montón la atención y el cariño del docente».

La rutina profesional de Mercedes está llena de pequeñas alegrías. Durante estas fechas, en las que tiene tiempo para descansar, reflexiona: «Veo mi vida bien enfocada después de tanto esfuerzo. Tengo una gran ilusión por continuar el curso y finalizar mi etapa de prácticas. Ahora es el momento de viajar todo lo que no pude, de hacer todo eso que aplacé».

¿Y qué le diría a los aspirantes que están buscando llegar a esa situación? Mercedes es clara: «Quiero decirles que van a llegar momentos de debilidad, de pensar que no van a tener suerte; les digo que en esos momentos cambien el chip, que piensen que sí, que se puede y que con esfuerzo se consigue. Que es algo muy bueno cuando se logra, algo que da muchísima felicidad. Os vais a perder cenas, momentos con la familia y vais a dedicar demasiadas horas, pero cuando se consigue no te acuerdas de nada de eso, solo de lo positivo», subraya.

Juan (Geografía e Historia)

«¿Que si tiene doble mérito ser parapléjico y opositor? Tengo el mismo mérito que el resto de opositores. El trabajo y las ganas de avanzar las debe tener todo el mundo. Cuando la vida te pone un obstáculo tienes que superarlo. Eso es lo que te hace avanzar como persona». 


Con 16 años, Juan dejó de estudiar para dedicarse a trabajar en un taller de mecánica. Esa circunstancia no fue óbice para que mantuviese en su memoria una serie de lecciones que le marcaron para siempre. «Me acuerdo mucho de mis profesores de Geografía e Historia. Quizás por ellos o por la propia materia. Recuerdo que incidían mucho en la participación en sus clases. En que equivocarse es parte del aprendizaje. Esto es algo que he canalizado y pongo en práctica». Cuando con 22 años sufrió un accidente que lo dejó en silla de ruedas, no lo dudó: «En ese momento vi la oportunidad de retomar los estudios y centrarme en lo que quería. Hacer la carrera que siempre quise. Me propuse sacarme las oposiciones. Creo que sí ha sido vocacional, me encantaba la docencia».

Juan realizaría la carrera de Geografía y el máster del Profesorado para, posteriormente, comenzar su preparación de oposiciones en Tecnoszubia. Fueron tiempos que este docente vivió con intensidad. «A día de hoy, logro evocar algunas sensaciones de la Navidad pasada; mis amigos diciéndome que se daban cuenta de que estaba repasando mentalmente en medio de algunas reuniones. Porque en mi cabeza sólo había una cosa, mi preparación. Hay que tener en cuenta que yo era pensionista, que no trabajaba, por lo que tenía los estudios entre ceja y ceja».

En este sentido, la situación como pensionista de Juan nunca adormeció su voluntad por conseguir sus objetivos: «Hay mucha gente que, en mi situación, se queda con su pensión viviendo sin preocupaciones; pero yo no quise elegir ese camino. Es una vida muy monótona. Y no creo que por eso tenga doble mérito; las ganas de avanzar las tiene que tener todo el mundo».

El infierno del último mes

Tras la Navidad de 2017 y el transcurso de los meses, experimentó uno de los momentos más difíciles de su proceso. «Cuando estaba a un mes del examen pensaba que todo lo que había trabajado no servía para nada. Intentaba repasar mentalmente y no me acordaba de la materia», rememora. Una sensación, la de estar perdido, que pronto se esfumó; «Porque no era así, cuando te pones delante del examen, si lo llevas bien y has trabajado, los conocimientos que has adquirido van fluyendo. No obstante, el último mes, insisto, es muy duro, algunos compañeros se plantearon abandonar; ¡no tiene sentido tirar un curso entero de trabajo!», exclama.

Un año después, con su plaza en un instituto de Castell del Ferro, en Granada, la «relajación» se ha instalado en su vida. «Ya pasó todo -afirma-. Intento disfrutar de mi trabajo, que es mi vocación y lo que me gusta y estoy pendiente de ver qué puedo integrar a mi rutina de trabajo con los alumnos. Me he integrado muy bien. Ahora mi cara es de relajación y felicidad. A los que están pasando por lo que yo pasé les digo que mucha fuerza y ánimo; esa fuerza es la que les va a dar la recompensa. Y que valoren la academia: Tecnoszubia es indispensable para poder llevar a cabo todo esto. Si trabajas duro, lo vas a conseguir. Si aprovechas las explicaciones de los preparadores y los materiales vas a llegar al final del camino».

Marta (Geografía e Historia)

«La gente que oposita vive un bucle; se levanta, se sienta, estudia y se va a trabajar. Y así continuamente. El momento de ir a la academia, para mí, era terapéutico».


 

 

A Marta, de 29 años, le nació el interés por la docencia dando clase de Inglés, una asignatura que no tiene nada que ver con la que ahora imparte. «Fue en una academia privada, desde que empecé, enseñar me ha fascinado». Con el tiempo, esta historiadora del arte se lanzó de lleno a prepararse las oposiciones de lo que había estudiado. Hoy, es profesora, en Almería, de Geografía e Historia.

Sus primeros meses de prácticas están siendo, tal y como define, «complicados». «Llegué nueva -continúa-. No había tenido interinidades antes.  En este primer año hay mucho que hacer, tener compañeros que te ayuden es muy bueno. Me han ayudado a visualizar desde el principio cómo puedo enfocar mis clases. El trato con los alumnos también ha sido bueno. Mucho trabajo, pero merece la pena».

La academia como oasis

Antes de llegar a la cima con la que siempre soñó, Marta encontró en la academia el oasis de su particular desierto. «Recuerdo mi preparación como un bucle: levántate, siéntate a estudiar, vete a trabajar, vuelve y otra vez a empezar. A mí lo único que me ayudaba era ir a la academia; estar con gente que estaba en mi situación, que me comprendía».

Esa gente a la que se refiere se han convertido en sus compañeros y amigos. «Teníamos un grupo excelente. ¿Competitividad? No lo llamaría así. Nuestra clase era terapéutica; opositar requiere rodearse de gente con experiencia. En mi caso, me ayudaban con un mapa o un comentario de imagen. A día de hoy, seguimos manteniendo el grupo de Whatsapp, quedamos para cenar esta Navidad. Lo agradezco una barbaridad», reconoce.

Estas fechas han sido diametralmente opuestas a las del año pasado; «Ya no tengo esa presión. El año pasado no disfrutaba. Ni salía en Nochevieja; pensaba que me lo había ganado, pero al final no hacía nada». Ahora, centra sus esfuerzos en normalizar su rutina («¡Cuánto le cuesta al opositor dejar de sentir la necesidad de hacer cosas siempre!», incide) y mantiene un deseo claro para 2019: «comenzar a disfrutar del trabajo que he conseguido con tanto esfuerzo».

 

 

I Concurso fotográfico Aspirantes | ¿Cómo vive la Navidad el opositor?

Contéstanos con una fotografía: ¿cómo pasan la Navidad nuestros opositores? Las tres fotografías más creativas e inspiradoras serán, durante un tiempo, la imagen de nuestro blog. De igual forma, habrá una ganadora que se llevará un 20% de descuento en la mensualidad del mes de febrero.

CONDICIONES

      • Para participar debes ser alumno o exalumno de Tecnoszubia y poder acreditarlo.
      • Habrá tres fotografías finalistas y un ganador. Las tres fotografías finalistas serán la cabecera del blog a lo largo de los meses de enero/febrero.
      • El ganador disfrutará del descuento del 20% en la mensualidad del mes de febrero.
      • En el caso de que el ganador sea un exalumno tendrá como premio dos entradas para Kinépolis.
      • Deberás subir la foto a Facebook y/o Instagram, mencionar a @Tecnoszubia y añadir el hashtag #aspirantesblog
      • Da me gusta a la siguiente publicación de Facebook

  • Plazo: desde el 24 de diciembre hasta el 9 de enero, ambos inclusive

 

Oposiciones Policía Local en Andalucía | Gráfico interactivo con las convocatorias de las ocho provincias

Para terminar de cubrir la información de las Oposiciones de Policía Local, compartimos nuevo interactivo, esta vez teniendo en cuenta toda la comunidad. Sólo en las capitales de provincias andaluzas se ofertaron, durante 2018, 97 plazas para Oposiciones a Policía Local en Andalucía. En 2019 se espera, asimismo, una revolución en el Cuerpo de varias provincias andaluzas.

Conoce todos la información de la convocatoria de Oposiciones a Policía Local en Andalucía 2018/2019 a través del siguiente gráfico. En él, hemos enlazado, por provincia, artículos y noticias de medios de referencia.

Plazas de Policía Local en Andalucía 2018/2019 | Actualizado diciembre de 2018

 

Oposiciones Policía Local | Gráfico con TODAS las plazas convocadas en la provincia de Granada

Durante los últimos dos años se ofertaron cerca de un centenar de plazas al cuerpo de Policía Local en la provincia de Granada. Desde TecnosZubia Oposiciones, centro especializado en Oposiciones Policia Local en Granada y Andalucía, han preparado un gráfico interactivo con las plazas que los últimos años han deparado y un adelanto de lo que se avecina para el próximo año. Desde Aspirantes adelantamos que 2019 será tan bueno como 2018. Sigue leyendo para saber por qué.

«Queremos sumar agentes al cuerpo de Policía Local»

En Granada capital, el alcalde, Francisco Cuenca, anunció recientemente que se ofertarán hasta 70 plazas durante 2019 para cubrir los requerimientos de un cuerpo como el de Policía Local en Granada. De esta forma, las Oposiciones Policia Local en Granada 2019 multiplicará el número de plazas ofertadas durante 2018. Un esfuerzo por parte del Ayuntamiento que ha supuesto un factor determinante para que decenas de aspirantes comiencen a prepararse para su entrada en el cuerpo.

Más allá, la nueva ampliación de plantilla de Policía Local en Granada se complementará con otras ya anunciadas como la reposición de plazas de Policía Local en Motril. Puedes ver las últimas plazas convocadas y noticias relacionadas en el siguiente gráfico.

Oposiciones Policía Local en Granada: gráfico con todas las plazas | Actualizado diciembre 2018

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Mapa interactivo | Todas las convocatorias de las oposiciones a maestros 2019 en España

¿Sueñas con ejercer la docencia, pero no encuentras la oportunidad? 2019 promete ser un año de convocatorias históricas. Las distintas Consejerías de Educación del país están completando un año de convocatorias masivas para las oposiciones a maestros 2019. En el siguiente mapa interactivo, elaborado por TecnosZubia Oposiciones, te dejamos todas las plazas confirmadas comunidad por comunidad. ¡No dudes en compartirlo con tus compañeros opositores!

Todas las convocatorias de las oposiciones a maestros 2019 en España | Actualizado diciembre de 2018

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