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Lo que Rocío nos enseñó

Con Rocío León no sólo se nos ha ido una maestra vocacional y una exalumna muy querida entre los trabajadores de Tecnoszubia; también hemos perdido un ejemplo de vida. Su reciente fallecimiento, junto con el de su pareja en un accidente de tráfico, nos ha llenado de dolor; nos cuesta, todavía, asimilarlo. Queremos volver a transmitir nuestro pésame a su familia. Y a todos los que no la conocisteis, invitaros a leer su historia. Es justo recordarla por lo que fue: un rayo de luz. E iluminados, pese a todo, por su recuerdo, nos despedimos de ella en el blog donde, por primera vez, tuvimos la suerte de contarle su historia al mundo. 


Maestra con mayúsculas

 «Yo me ponía a jugar con mis peluches, les enseñaba…tenía la vocación. Estudié Primaria y Psicopedagogía y, cuando estudié Psicopedagogía, me di cuenta de que me gustaba mas la especialidad de Pedagogía Terapeutica: he cuidado a un niño autista, he sido catequista… Cuando me dieron la nota,  vi que tenía plaza, que había conseguido mi sueño…». (Rocío, en 2019, tras conseguir la plaza)

Para Rocío León López (México, 1980) nunca hubo tregua: luchó desde que nació. Lo primero que salió del vientre de su madre, Carmen López Linde, fue su pie derecho. Finalmente, la cabeza. Por el camino, sufrió una hipoxia, una falta de oxígeno que la mantuvo un tiempo en la incubadora. Un nacimiento complicado cuyo resultado fue una discapacidad intelectual leve. A partir de ahí, Rocío convivió con una serie de circunstancias que, pese a todo, nunca redujeron sus esperanzas por cumplir su sueño: ella quería ser maestra.

En su herida, Rocío encontró el impulso. No quería reivindicarse, quería enseñar. Ayudar a los que eran como ella a explotar sus capacidades. Es algo que le nacía desde lo profundo. Aunque no siempre la vocación coincide con las aptitudes, el caso de Rocío era de manual: es difícil encontrar a alguien que encarne tan bien los valores necesarios para un oficio como el de la docencia. Y lo consiguió, claro que lo consiguió; espoleada, además, por el esfuerzo y ejemplo de su madre, que pudo convencerla de que para ella había un sitio en el mundo.

 “Dijo mi madre ‘vamos a hacer la prueba de acceso para Grado Superior’. Vale, muy bien. Me presenté. Y dijo mi madre, ‘pero ahora a la academia para sacar las cuatro de Bachillerato’. Muy bien, me las saqué en septiembre. Y dijo mi madre, ‘como tienes fresco el Bachillerato y las asignaturas, te presentas a Selectividad’. Y lo aprobé” (Rocío León, en una entrevista para Granada Hoy)

En 2019 se convierte en la primera maestra con plaza con discapacidad intelectual de España. 

El legado de Rocío: icono y referencia para las personas con diversas capacidades

«Soy una persona diferente, al igual que otras muchas. Nadie es igual a ninguna otra persona, todos tenemos capacidades diferentes, y yo la tengo y me siento orgullosa de haber nacido con una discapacidad intelectual, porque eso me hace ser una persona excepcional y luchadora». (Rocío León, en la sinopsis de ‘Mi pie derecho’, su primer libro)

Tras conseguir su sueño, el mundo pudo conocer su historia: Rocío desplegó las alas y alzó el vuelo. Pudimos verla dando las campanadas de 2019 en Canal Sur, junto a Pablo Pineda, en un momento histórico: las primeras campanadas inclusivas de la historia de la televisión. Poco después, participó en las jornadas ‘La Educación es el Camino’, organizadas por el Consejo Escolar de Andalucía.

En su día a día, Rocío trabajaba como maestra de Pedagogía Terapéutica en un aula del IES Vicente Aleixandre, en Barbate (Cádiz), lugar donde la destinaron tras conseguir la plaza. No paró de tachar objetivos: en 2020, publica su libro ‘Mi pie derecho’, donde cuenta «lo que ha luchado para llegar a donde estaba».

Paso a paso, con su ejemplo, se convertía en una referencia para las personas que, como ella, cuentan con unas capacidades diferentes.

El corazón de la academia

Esto es parte del legado de Rocío; ahora nos gustaría repasar qué va a quedar de ella en nosotros para siempre.

Cada año, cuando un opositor que se ha preparado en nuestras aulas lucha por la plaza y la consigue, nos remontamos mentalmente a los días en que la vimos, por fin, alcanzarla. Nos pasa a todos los que estuvimos cerca de ella en esos momentos y, de una forma u otra, pudimos compartir su proceso: es un viaje emocional hacia 2019 que se repite, desde entonces, cada año. Sus palabras de alegría resuenan y su brillo se nos cuela, otra vez, por dentro. El recuerdo de Rocío celebrando su plaza, ganando una batalla contra todo y contra todos, nos marcó a los trabajadores de Tecnoszubia. Al lado de Rocío todos éramos opositores: aspirantes a vivir con intensidad; a soñar con fuerza; a sonreír con ganas. A tener más valentía; a vivir con más dignidad. Su reflejo nos ayudó a ser más humanos.

Es un ejemplo que nos ha inspirado y nos ha marcado el camino. A veces, necesitamos mirarnos en los demás para entender bien hacia dónde queremos ir; conocer la historia de Rocío León nos permitió comprender -y confirmar- cuáles son los valores que, como centro de estudios, queremos abrazar. Con ella comprendimos mejor quiénes queríamos ser.


Gracias por todo lo que nos has enseñado.

Descansa en paz, Rocío.

 

 

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