Historias

Diario de una opositora en cuarentena (Epílogo) | «Esto nunca fue una derrota: es una prórroga»

Cuarenta y nueve días de confinamiento, cinco páginas de diario, una clase online por semana, decenas de conversaciones con su padre. Una relación que se estrecha, un grupo de amigas que nació en la academia y ahora es una piña; un hermano que vive estos días como si fueran vacaciones, otro que sufre en su piel la falta de organización de sus profesores de la Universidad. Aplausos en el balcón, series y horas muertas mirando el móvil. Sueños tan duros, tan firmes, que resisten una pandemia.  Alba López de la Vieja pone fin con este epílogo a un diario lleno de vida; de historias y vocación. 

 


«¿Os he contado alguna vez que tengo un hermano con síndrome de Down? Hoy, 2 de mayo, se puede salir, por fin, a hacer ejercicio, a pasear. Pero no os puedo engañar: él ya se ha escapado más de una vez a ver a mi tía, que vive aquí al lado, en mi pueblo, Argamasilla de Alba.

Si pienso en el confinamiento no puedo evitar pensar en él. Cuando yo tenía 18 años y me fui fuera a estudiar, él tenía 8. Entre los estudios y el trabajo he pasado mucho tiempo, a lo largo de mi vida, separada de mi hermano. ¿Quién me iba a decir a mí que el confinamiento iba a hacer que recuperara la relación? Hacía tiempo que no pasaba tantos días con él.

Lo mismo puedo decir de mi padre. Como nunca, hasta este año, me había planteado opositar en serio, nunca había tenido la oportunidad de hablar con él en profundidad de mi vocación. Ahora que tenemos tiempo y estamos juntos me ha enseñado adaptaciones curriculares, actas de claustros.

Si mi hermano me ha ayudado a reconectar emocionalmente con mi familia, mi padre ha hecho posible que me aproxime un poco más a mi profesión, a la docencia.

 

Ya vemos el horizonte

Hoy, el confinamiento es menos confinamiento; ahora se puede salir a pasear, decía. En mi pueblo no nos ha pillado por los pelos eso de los 5.000 habitantes, así que tenemos que cumplir las franjas horarias propuestas por el Gobierno. En cualquier caso, esta tarde voy a dar una vuelta -aunque sea a la manzana- con mi madre. Reconozco que esto me quita el agobio un poco.

Durante estos días han pasado muchas cosas: por ejemplo, he llegado a la conclusión de que el año que viene repito la preparación en Tecnoszubia. El miércoles hice un simulacro de examen, en la clase online de la semana; nos cayó el tema 52, uno de los que mejor me sé. Mis objetivos siguen ahí y no los voy a abandonar. No estoy haciendo jornadas maratonianas, vale, pero sigo avanzando. 

Con la posibilidad de pasear y hacer ejercicio se ha abierto un nuevo proceso: el de la desescalada. También tenemos novedades sobre la vuelta al cole de los chicos: volverán en septiembre, exceptuando algunos casos especiales. Hay incongruencias en todo esto, pero supongo que si lo han hecho así por algo será.

Lo que entiendo todavía menos es la situación en las universidades. Durante estos días he visto el poco compromiso que hay en algunas: mi hermano, que está en medio de una carrera, tiene 4 maestros y cada uno lo va a evaluar de una forma.

Lo que aprendo de mi padre

Y si hablo de educación, claro, hablo de mi padre. Cuánto aprendo de él cada día; es un ejemplo.

Es docente por vocación. Se sabe el nombre de los 300 alumnos de su colegio; esa empatía que tiene hacia las familias…¡los trata como si fueran sus hijos!

Si se encuentra a alguno por la calle se lo come a besos. Su humanidad como docente lo hace especial. Y qué bien se ha adaptado a la educación a distancia: en el tema tecnológico se ha puesto las pilas.

Ellas

¿Recuerdas aquel grupo con mis compañeras de Tecnoszubia en el que pusimos de foto principal las plazas de Orientación Educativa? Os presento a Rocío, Carmen y Olga. Las videoconferencias con ellas me siguen dando la vida. Las conocí en la academia y en poco tiempo se han convertido en personas muy importantes para mí.

 

 

A Olga le tengo que agradecer su paciencia.

A Rocío su sinceridad.

Y a Carmen su experiencia.

¡Gracias!

Sólo 100 metros más de carrera

No me caracterizo por ser una Paulo Coelho de la vida, mi positivismo nunca fue excesivo, pero voy a cerrar este diario con un mensaje claro: la cuarentena me ha servido para fortalecer mi sueño de conseguir una plaza de profesora. ¡No es un eslogan! He aprendido a convivir con la incertidumbre.

Es normal que tengas momentos de bajón, pero si lo piensas, el sueño sólo se ha pospuesto 12 meses más.

No es una derrota, es una prórroga. Una carrera larga que ahora dura 100 metros más.

¡Ánimo a todos!

Alba López de la Vieja

¡Comparte con otros opositores y sigue nuestras redes sociales!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *