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Así afrontaron Clara, Lourdes y Rocío la semana previa a las oposiciones de maestros

Falta una semana para que se celebren las pruebas de las oposiciones de maestros en Andalucía. En un momento en el que tomarse un respiro es más obligación que eslogan, hemos vuelto a tirar del legado humano que tenemos en el centro y hemos hablado con tres exalumnas de la academia. El objetivo, como siempre, es inspirarte, tranquilizarte; que sientas el abrazo de la academia cuando más lo necesitas.

Hace dos años, Clara, Lourdes y Rocío pasaron por lo mismo que tú estás pasando; vivieron una última semana de agobio, estrés e inseguridad. Dudaron de todo; de su preparación, de su validez. Se sintieron pequeñas ante la masa de gente que luchaba por sus mismos sueños. Se paralizaron unos segundos en la exposición oral. Miraron con miedo hacia el tribunal. Pero todo eso pasó y hoy son maestras con plaza. 

Clara, maestra de Francés: «Mi programación se la sabía hasta el vecino…»

En una suerte de estrés postraumático, la primera reacción de Clara al evocar la última semana de preparación es la de no acordarse de nada. «Tengo la sensación de que en mi cabeza se han borrado las cosas malas de aquel año», reconoce. Los recuerdos, no obstante, no tardan en agolparse en su cabeza y nos dibuja a la perfección la última semana del proceso que desembocó en la consecución de su plaza. «Recuerdo que aquella semana se multiplicaron mis inseguridades; mucha incertidumbre y nervios. Por suerte, los compañeros de la academia y los preparadores consiguieron animarme. Nos acompañábamos entre todos como podíamos», comienza.

Una sensación que confronta con el sentimiento que, tras ese caparazón de estrés obligado por la circunstancias, Clara guardaba: «En el fondo sabía que estaba muy bien preparada; al final eso es lo importante».

Durante esos días, Clara cambió su rutina de estudio. «Hice mas hincapié en algunos temas que no tenia tan dominados. Para relajarme, a veces miraba los que tenia más machacados, así terminaba el día; estudiarme lo que ya me sabía me servía para terminar la jornada con confianza».

No fue el único truco de Clara; «Con respecto a la programación, se la contaba hasta el vecino. Todo el mundo conocía mi programación. Se la exponía a todo el mundo», señala.

«Empequeñecerse» el día del examen

Así que para suerte suya, pero también de familiares y vecinos, llegó el día del examen. «Casi no llegamos a tiempo mis compañeros y yo. Lo hice en Córdoba. Había muchísima gente. Eso me impresionó: cuando te ves con tanta gente que quiere lo mismo que tu…eso te empequeñece muchísimo. Pero el tribunal se portó muy, muy bien, nos dijo que nos tranquilizáramos».

Los nervios de Clara alcanzarían su pico más alto en el examen oral. «Me puse muy nerviosa, me costó arrancar. Quizás no me había preparado lo suficiente ese momento.  A veces, por muchos ensayos que hagamos no nos concienciamos de lo que significa ponerse delante de cinco personas a hablar. Debería de haberme mentalizado mejor de ese primer contacto», esgrime.

Clara finaliza haciendo alusión a la importancia de la figura del preparador y a lo fundamental que fue personalizar sus temas. «Tanto Juana Pérez como Manuel Porcel fueron superimportantes. Gracias a ello obtuve mi plaza. Uno de los consejos que nos dieron, que fue crucial, es el hecho de elaborar nuestros propios temas y poner alguna cita de algún autor que nos gustara, por ejemplo. Que en cada tema haya algún elemento diferencial y que el corrector lo perciba».

Rocío, maestra de Pedagogía Terapéutica: «En las oposiciones hay que creer, pero son un juego de tronos…»

Aguda, Rocío ilustra dos de sus fotos preferidas con una frase que las conecta entre sí y las relaciona con aquellas oposiciones que hace dos años vivió: «En las oposiciones hay que creer, pero son un juego de tronos».

El humor con el que hoy se toma todo aquello se explica con los resultados que obtuvo. Porque ahora, con plaza, todo se ve de otra forma. Algo que no quita que Rocío tenga presente esa semana en la que se le venían, tal y como explica, «demasiadas ideas a la cabeza; quería que llegara el día y a la vez que no; unos días pensaba que iba a salir genial y otros en los que creía que se me había olvidado todo».

Antes del día del examen, Rocío también cambió su rutina de estudio: «Tenía claro que no podía estar todo el día estudiando. Trabajaba en un cole como interina y las últimas semanas allí eran muy duras. Tuve que cambiar el chip para poder descansar», subraya. De esta forma, Rocío pasó de estudiar cinco horas al día a repasarse sólo «los índices de los temas».

Más allá, a esta maestra de Pedagogía Terapéutica le ayudó mucho la realización de pequeños esquemas. «Yo tengo mucha memoria visual. Por eso, esquemas muy visuales en los que metía alguna palabra clave eran fundamentales. Me los miraba una y otra vez». En cuanto a la programación, Rocío siguió en la misma línea: «En la academia me enseñaron un tipo de esquema para prepararme la exposición; lo imprimí en un A3 y lo observaba continuamente. Esto me ayudó a memorizar y a ir tranquila».

Esos horrores del día previo y ese suspiro justo antes de comenzar…

Esta docente no se anda con eufemismos para calificar cómo fue su día previo al examen: «¡Horroroso!», exclama. «Todos me recomendaban dormir bien, desayunar bien; pero ese día ni duermes ni te entra nada en el estómago», argumenta.

Rocío aguantó todo aquello como pudo y las sensaciones no tardaron en cambiar; el día de la prueba todo se  transformó: «Tuvimos una vocal muy agradable, nos llevó frutos secos…una vez que estuve dentro, sentada, me relajé. Ya estoy aquí, que sea lo que tenga que ser, pensé».

¿Un consejo para los aspirantes? «Por ejemplo, en el teórico, a mí me funcionó poner el índice al final. Me lo recomendó mi preparador, Juan Manuel: desarrollar el tema y una vez desarrollado elaborar el índice para asegurarnos de que no nos habíamos saltado ningún apartado, de que no poníamos cosas que luego no nos daba tiempo a desarrollar…». Y añade: «es importante controlar el tiempo muy bien, que te dé tiempo hasta para poner bibliografía, que es clave. Además, en este sentido, escoger las cosas muy rápido es fundamental: yo tenía en mente que, como mucho, me iba a tomar 5 minutos eligiendo el tema y supuesto que iba a hacer».

Para terminar, dedica unas palabras a los que tienen pánico al examen oral. «Mi preparador siempre me dijo que fuese yo misma; que no me aprendiera las cosas como un robot. Eso se nota mucho a la hora de exponer; intentar decir las cosas con naturalidad, aunque tengas que incluir los tecnicismos lógicos».

Lourdes, maestra de Audición y Lenguaje: «Esas últimas semanas fueron tan intensas…»

Lourdes, hoy maestra de Audición y Lenguaje con plaza, esgrime que las últimas semanas fueron «muy intensas». Al contrario que Rocío, el tiempo de estudio en esos días no se aminoró, sino que se multiplicó: «Esa semana la dediqué a repasar todo lo que me había estudiado y a mirarme bien la bibliografía de todos los temas. Fue un sprint: le dedicaba más horas a estudiar que antes, me acostaba muy tarde repasando».

Eso sí, el día antes del examen, reconoce que repasó «muy poco». «Tenía la idea de que tenía que ir descansada y con la mente clara, ya lo que no me sabía no importaba, sólo importaba estar descansada para tener energía y afrontar el gran día, así que me acosté temprano e intenté no pensar más en ello. Dejé la noche antes todo preparado, los bolis, el carné… Lo revisé todo bien».

«La presidenta se parecía físicamente a una de mis compañeras; esto me reconfortó».

El día del examen hay que estar alerta y no desaprovechar los estímulos positivos. En cualquier rincón puede estar ese soplo de aire fresco que necesitamos; la bocanada de oxígeno que completa ese suspiro que termina por tranquilizarnos.

O algo así, al menos, le pasó a Lourdes. «Recuerdo que el día de la presentación del tribunal, la presidenta dijo que iba a intentar ser lo más justa posible y eso me reconfortó. Además se parecía físicamente a una compañera de trabajo que tuve y eso me dio más confianza todavía: la visualizaba como a una compañera más», añade.

Para finalizar, sincera, reconoce que quizás no gestionó esos días de la mejor forma: «A veces pienso que la última semana me agobié mucho y dejé muchas cosas para el final, pero tampoco lo pude evitar. Me parece mentira el no tener que presentarme este año, parece que estoy viviendo un gran sueño». Y lanza un mensaje para los aspirantes: «Lo realmente importante es que nunca se rindan, que todo acaba llegando y que el esfuerzo, al final y aunque crean que no, es recompensado«.

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