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«Siempre he pensado que los demás me dan mil vueltas, que no tengo experiencia, que lo mío ha sido suerte»

Todo iba sobre ruedas: si hubiera un manual del buen opositor, este le copiaría parte de sus argumentos a Plumita Verde.


Plumita_Verde es el perfil de Instagram donde una asturiana de 27 años ha documentado varios años de estudio y esfuerzo. Allí, tiene 11.500 seguidores y un reguero de fotos de subrayadores, estuches, agendas y apuntes ordenados con pulcritud; sin embargo, su cuenta es mucho más que una oda al bodegón del opositor.

Prefiere no dar su nombre real, pero un análisis rápido de su perfil es suficiente para intuir cómo es la persona que hay detrás; una aspirante luchadora, metódica y constante. Lo observamos en el contenido que ha ido subiendo durante estos años; publicaciones y pies de foto a través de los que ha ido relatando un proceso que ha culminado, durante las oposiciones de 2019, en la consecución de su sueñoSí, Plumita Verde ya es maestra de Primaria con plaza.

Y pese a todo, hoy siente que el éxito no le pertenece. Que todo lo ha conseguido por la divina incidencia de la suerte. Que sus compañeros se lo merecen más. Tiene un trastorno cada vez más habitual: el síndrome del impostor.


[Pregunta] ¿Puedes recordar tus comienzos en el mundo de las oposiciones?

[Respuesta]  Mi andadura por las oposiciones empezó en 2014 como algo natural y ligado a la carrera de magisterio: en mi cabeza no existía otra salida. El primer año, convocatoria de 2015, lo compaginé con un máster y se me hizo dificilísimo intentar seguir un ritmo de estudio, siempre priorizaba otras cosas como el TFM. Llegó el examen y llevaba estudiados muy poquitos temas, pero tuve suerte y uno de ellos estaba entre los que salió, así que logré aprobar y, con ello, entrar en bolsa y trabajar. Pero no me servía con eso, yo quería mi plaza; una estabilidad económica y dedicarme a aquello que me apasiona. Así que en 2016 tocó presentarme por la especialidad de Orientación. Esta vez dedicada al 100% al estudio porque la bolsa subía pero mi número no llegaba. Me esforcé, pero algo me decía en la cabeza que no lo estaba haciendo bien, que seguro que podría hacer más y que habría personas haciéndolo mejor que yo.

[P] ¿Qué pasaba por tu cabeza en ese momento?

[R] En ese momento, tenía la idea de que si salía mal el examen iba a defraudar a mi familia. Fui al examen con muchísimos temas estudiados, pero no todos. Llevaba más del 70% del temario, las posibilidades de que me saliese una bola buena eran altísimas. Pero no salió y, aún así, conseguí aprobar el examen porque tenía una base de otros temas y de legislación. Con todo, mi sentimiento fue de no merecerlo. ¿Cuántas personas habrían hecho el examen bien, habiéndose estudiado ese tema y no lo habían sacado?  Y yo…¡No me lo merecía! Había sido suerte. ¿Se repetiría en la siguiente?, -pensaba-.

[P] Continuaste con tu formación…¿Se convirtió ese pensamiento en algo recurrente?

[R] En 2017 no hubo opos y en 2018 se repitieron las de Orientación. Esta vez tocó compaginar con una media jornada en un colegio que me hizo sentir que lo que realmente quería era el magisterio. Ese año me volví a esforzar mucho. Llegué al examen y, de nuevo, aprobé. De las personas que tenía alrededor fui la que mayor nota saqué y, bajo mi punto de vista, la que peor haría el trabajo porque tenía menos experiencia. Otra vez esos pensamientos en mi cabeza: no me lo merecía. Una amiga mía, psicóloga, con experiencia, más madura, con más base… se lo merecía más. Y, como ella, otras amigas más. Yo solo había tenido suerte.

[P] Llega el año 2019 y consigues, por fin, la plaza.

[R] Así es. Desde un principio en mi cabeza se asomó la idea de que este año era el definitivo: ya tenía algo de baremo y experiencia enfrentándome al examen, pero siempre apartaba ese pensamiento; pensaba, de nuevo, que yo no tenía experiencia suficiente, que hay gente que me daba mil vueltas. El año fue horrible. Mi rutina en el trabajo no estaba siendo exactamente buena. A veces eso ocurre. Hay personas que creen que por ser funcionarios de carrera son más que los interinos, o que por ser más mayores son mejores, o que tener más experiencia les da derecho a no tomarte en serio. Un año entero conviviendo con eso, día a día, supuso muchas dificultades a la hora de estudiar la oposición. Una ansiedad que me acompañaba en cada momento. Esa sensación de no servir para aquello por lo que estaba luchando, volvía, esta vez motivada por alguien externo.

[P] ¿Te planteaste abandonar?

[R] ¿Abandonar? Sí, esta vez me vino una y otra vez a la cabeza. En momentos puntuales, en momentos en los que el cansancio se apoderaba de mí y hablaba más él que yo.

[P] ¿Recuerdas cómo fue el día del examen?

[R] Salí del teórico pensando que había hecho un desastre. Fui a leerlo y seguí pensando que era un desastre. Y no solo no fue así, sino que saqué un 9. Mi reacción durante las dos primeras horas fue pensar que se habían equivocado. Lo comprobé mil veces porque pensaba que no… que no podía ser verdad. Llegó el práctico, me tocó de las últimas, así que tenía tiempo para preparar las cosas. El día de la defensa conocí a los compañeros del tribunal, que también habían aprobado y jolín, mayores, más jóvenes, con grandes carpetas, con maletas… Intentaba imaginar de qué harían la programación, de dónde vendrían… Establecimos conversación y conocí a gente con mucha vocación, gente con grandes ideas y experiencias. Sin duda, se merecían la plaza.


Salí de la defensa contenta, pensando que no llegaría a la plaza, pero al menos conseguiría subir en la lista. Salen las notas nuevamente: tengo otro 9. Mi reacción en parte fue pensar que había tenido suerte por ser de las últimas, suerte porque en mi tribunal les gustaba mi metodología y suerte porque sí. Ahora quedaba saber si optaba a plaza.  Y la saqué. Pero mi amiga no. Y ahí empecé otra vez: «Ella había estudiado más, ella se había esforzado más, ella sabía más, ella tiene más experiencia»… A día de hoy, pienso que el proceso es injusto y que se necesita una pizca de suerte, pero que me lo he trabajado y que me lo he merecido.

[PAhora, que estás de maestra en prácticas, es cuando le has puesto nombre a todos aquellos pensamientos intrusivos…¿estás siguiendo algún método concreto para superarlo?

[R] Sí, porque todo esto me sigue ocurriendo. Llego al colegio como funcionaria en prácticas y me da apuro decirlo porque veo interinos mayores y con más experiencia que yo. Días después leo en un perfil de Instagram lo que es el síndrome del impostor y veo que cuadra bastante con ese sentimiento de no merecer lo bueno que había conseguido. Hace dos semanas que he conocido lo que es el síndrome, por lo que apenas me ha dado tiempo a pensar. Por una parte, supongo que también le he restado importancia como si no fuera algo malo. Yo creo que parte de una autoestima dañada y es algo en lo que este año me estoy proponiendo trabajar, empezar a creer en mí, en mis posibilidades y a quererme más. ¿Cómo? Buscando ayuda. Y ahora que lo pienso sí que puedo acordarme de otros momentos en los que he sentido: las buenas notas en el
instituto, las de la carrera… siempre les restaba importancia, como si no fueran el resultado de un esfuerzo y trabajo.

 

[P] ¿Como te sientes en tu puesto actual?

[R] Sé que suena raro, pero es como si no lo hubiese asimilado. En mi oposición, con la plaza consigues una consolidación de tu trabajo y poder quedarte en un centro de referencia a partir del año de prácticas. Así que este año realmente sigue la dinámica que he seguido los años que he trabajado: colegio nuevo, ser de las últimas en elegir, conocer compañeros y compañeras, niños y niñas y, también, tener bastante claro que el año que viene estaré en otro centro, ya que nos toca concurso de traslados.

Estoy feliz porque me encanta mi profesión y noto el descanso de no tener que llegar a casa y estar preocupada estudiando los temas y teniendo el agobio de compaginarlo todo. Pero, por otra parte, no noto esa diferencia. Eso lo hemos hablado en el cole estos últimos días y muchas compañeras decían que ellas no habían sentido ese «descanso» o «felicidad total» hasta por lo menos dos años después cuando ya estaban asentadas

 


[P] Sobre Plumita Verde, tu cuenta de Instagram; ¿ha supuesto un plus de ansiedad o te ha servido realmente para desconectar?

[R] Mi cuenta de Instagram ha sido algo positivo siempre. Me ha ayudado a estar acompañada en el proceso de opositar, ya de por sí solitario. Es verdad que en el 2018, la primera vez que me presenté al examen teniendo la cuenta, se me pasaba por la cabeza que si suspendía decepcionaría a mucha gente y me generaba un nerviosismo extra. Pero llegó un momento en el que entendí que la comunidad que hemos formado es tan positiva que me hubiesen trasmitido cariño y no decepción. Así que no lo cambiaría por nada; creo que esta cuenta ha sido una de mis grandes herramientas para conseguir mi meta.

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