El ‘músculo’ de la disciplina: cómo entrenarlo para convertirnos en opositores más comprometidos

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¿Cómo entrenar la disciplina en oposiciones?

Los psicólogos y coachs se refieren a ella como un músculo y ni exageran ni se equivocan: la disciplina se entrena. Y se hace con esfuerzo y constancia. Es un ‘músculo’ que cuando crece nos ayuda a brillar; nos permite mantenernos en la carrera hacia nuestras metas cuando todo lo demás falla; es el secreto, nada más y nada menos, que se esconde detrás de lo que consiguen sus sueños.

Tus preparadores en Tecnoszubia te habrán dado pautas para mantener el tono; ahora vamos a intentar darte otras para que puedas, directamente, enseñar músculo: ¡la disciplina son los abdominales del opositor!

Calentamiento: ¿Es lo mismo la disciplina y la motivación?

¡No! Mientras que la motivación es ilusión por conseguir una meta, un aspecto meramente emocional, la disciplina es el compromiso; las ganas de llegar a la meta. Mientras que la disciplina nos ayuda a armarnos de razones para conseguir lo que queremos, la motivación nos ilusiona. Entrenar la disciplina nos ayudará a poder actuar cuando la parte emocional, la motivación, falla, algo fundamental en unas oposiciones. Y, en cualquier caso, motivación y disciplina son dos términos que se retroalimentan: cuando uno falla, si el otro está entrenado, nos ayudará a sobrellevar la situación.

Primer ejercicio: visualiza los porqués y piensa en los beneficios

Conocer los porqués y saber hacia donde vamos ayudará a nuestro cerebro a que la disciplina sea menos dolorosa; imaginemos a dónde vamos y lo bien que vamos a sentirnos cuando lleguemos. Y contémonoslo a nosotros mismos de forma agradable.  No vas a darte una sesión de seis horas de estudio; vas a remar para conseguir el trabajo de tu vida. 

Segundo ejercicio: la rutina

Mira a tu alrededor: ¿Cuántas acciones propias de tu rutina diaria has dejado de lado? ¿Has hecho la cama, has cocinado lo que tenías en mente? Comenzar a mejorar nuestra vida huyendo de la idea de dejar de lado acciones tan básicas constituye el primer paso de este particular entrenamiento. Cuando tengas el impulso de no hacer algo, resiste. Cuando aprendes a resistir la tentación, tirándote de lleno hacia lo que toca, aunque sea mínimo, gran parte del camino estará recorrido. Habrás mejorado tu autocontrol.

Tercer ejercicio: percepción sobre ti

¿Crees que nunca logras lo que te propones? No te lo digas más a ti mismo: ponte pequeños retos que te ayuden a cambiar esa percepción. Retos sencillos que te hagan sentir bien; que permitan que, cuando te vuelva a venir esa afirmación a la mente, puedas contradecirla. Cambia lo negativo, por ejemplo, por las siguientes afirmaciones:

  • «No he logrado todo lo que me he propuesto, pero esta mañana he conseguido cumplir la rutina propuesta»
  •  «A veces me cuesta, pero estoy trabajando activamente con el objetivo de ser más disciplinado».
  • «El día ha comenzado bien: he salido de casa y he dejado todo lo que me he propuesto listo».

Cuarto ejercicio: averigua qué es lo que te hace fallar

Es el más complicado y el que más tiempo requiere, ya que aquí es necesario conocernos a nosotros mismos. Ha llegado el momento de ver dónde fallamos.

¿Cuáles son los momentos del día en que más nos cuesta? ¿Qué conductas suelen preceder a los momentos de pereza? Cuida esos detalles: la dieta, las horas de descanso y las de ocio. Distribúyelas de forma en que te ayuden en tu rutina de estudio, con el objetivo de que suponga, aparentemente, un sacrificio menor.

En otras palabras: cuando no seas capaz de, pese a todo, ponerte a estudiar, anota mentalmente qué es lo que ocurre, tanto dentro de ti como a tu alrededor en ese momento. Y la próxima, ya sabes que es una situación crítica que, si puedes, debes evitar.

Quinto ejercicio: el plan

Llegamos al final: establecer una rutina. Poco hay que decir aquí que no te hayamos contado ya en varios artículos: llega el momento de establecer un plan de estudios que nos permita ser más eficiente. En este post te hablamos de herramientas y trucos que nos ayuden a crear un plan de estudios personalizado según la especialidad y tiempo que tengas. Porque que el plan sea factible, es el primer paso para que visualicemos la meta. Y con ella en mente, nos dominemos y seamos más disciplinados.

 

 

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