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«El día que supe que la plaza era mía» (II) | Rafael Ros y el cuenco tibetano

Entre los más de 300 nuevos funcionarios docentes que han salido de las aulas de Tecnoszubia durante este año, hay historias de todo tipo. En la campaña ‘El día que supe que la plaza era mía’ vimos algunas, pero no podemos olvidar a todos aquellos que por motivos de espacio se quedaron fuera. Rafael Ros, nuevo maestro con plaza de Primaria, nos cuenta cómo llegó a cumplir su sueño; su relato gira en torno a una relación, la suya con su profesor, Juanma, que supuso un punto de inflexión en su preparación.

Iba en el coche con su novia cuando se enteró de que tenía plaza. «Teníamos que ir a la playa a solucionar unos asuntos; de camino vi que estaba seleccionado, pegué un grito y mi novia dio un volantazo«. La cosa no pasó a mayores. Tuvieron que parar, por precaución, en un área de servicio para desahogar la euforia; era la felicidad desatada de alguien que, pese a que nunca fue un gran alumno, siempre quiso ser un buen maestro. «Mi madre es maestra. Durante la etapa de Secundaria aprobaba raspado, pensaban que sería un fracaso escolar…pero llegué a la carrera de Magisterio y me encanto. Y sabía que sólo opositando alcanzaría mi sueño de ser maestro; trabajaba los veranos para poder tener el curso libre y poder prepararme».

Un curso de preparación -Rafael Ros ha aprobado a la primera- en el que el equipo humano de Tecnoszubia le ha servido como apoyo constante. «La opción de la academia es muy importante; te someten a un proceso de evaluación continua, de guía a la hora de construir tu programación, unidades… Necesitas a alguien que complemente la información de las Universidades. Qué es el curriculum, cómo se hacen programaciones…carencias que se arrastran desde la Uni y en esta academia se palían».

La evolución de Rafael: «Si sigues por ahí vas a conseguir la plaza…»

Este nuevo funcionario docente destaca, asimismo, la importancia de delegar en profesionales con experiencia. «En un proceso lleno de sentimientos encontrados, es importante que haya alguien que nos asesore y nos diga, por ejemplo, que hay que guardar energías para el final. Esa apuesta por la academia, por tener un guía, un preparador, nos va a ayudar a alcanzar cualquier cosa». Y destaca la labor de uno de los preparadores de la especialidad de Primaria. «La relación con Juanma ha sido buenísima, antes era de preparador, ahora es de amistad. Me ha orientado con todo: si es necesario corregir algo te lo dice, porque no es solo contentar al opositor, sino avisarle de la dificultad de este proyecto. Todas las mañanas necesitábamos nuestro abrazo al llegar. Si te tiene que enviar a las 2 de la mañana un correo te lo envía».

Rafael recuerda su primera clase de preparación («En el primer examen que hice en la academia saqué un 2 y se me vino el mundo abajo…») y lo contrapone con el día que comenzó a mirar la plaza con los ojos del que se siente capaz. «…Pero en el último examen saqué un 10. Se me ocurrió, trabajando el tema de la energía y de las propiedades, traer un cuenco tibetano a clase. Juanma me dijo que nunca nadie había presentado un material así. Vi que esa apuesta por la sencillez, por el concepto, me daría la plaza».

 

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