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Diario de una opositora en cuarentena (Parte 4) | «A estas alturas lo que más me preocupa es mi situación laboral»

Tras una Semana Santa de descanso que para Alba ha sido «como cualquier otro día confinada», la aspirante comienza a conocerse mejor como ‘opositora en cuarentena’. Le cuesta memorizar, así que intenta dedicarse a la programación; la sobreinformación no le sienta bien, por lo que prefiere ver series. Incluso ha empezado a salir al balcón a aplaudir y ha asumido que ahora a todo el mundo le apetece hablar. Y con la pandemia un poco más controlada, reconoce que en este momento es el trabajo lo que más le quita el sueño: «En cuanto todo esto acabe me tendré que buscar algo; pero teniendo en cuenta la situación, no sé el qué». 

«Hace un año, en la Semana Santa de 2019, estaba trabajando. Lo hacía en un pequeño hotel de Deifontes, en Granada. Tenía solo 12 habitaciones, era precioso; recuerdo que el ambiente era bueno y los clientes eran muy educados. Es de esos trabajos que, teniendo en cuenta que soy una persona sociable, me gustan. Hasta que vi las plazas que salieron para lo mío, para la docencia, y dije ‘allí voy’. Vamos a dejar de pelear por los sueños de los demás y vamos a empezar a pelear por los nuestros. 

No hice mucho más en aquella Semana Santa. Casi como en esta. La verdad que estar de cuarentena le quita el sentido a estos periodos: más o menos como si fueran otros días cualquiera, ¿no? Con el confinamiento no distingo entre vacaciones y días normales: estudio por las tardes, me relajo por la mañana…y, bueno, más que el hecho de ser Semana Santa, cuando llega esta época a mí me importan los dos cumpleaños de mis dos mejores amigas. Uno el día 11 de abril y otro el 12. Este año no lo pudimos celebrar físicamente, pero sí estuvimos todo el día pegadas al teléfono, con videoconferencias.

¡Todo el día pegada al móvil!

Mientras escribo esto noto que puede que haya perdido un poco de vista. Durante la cuarentena estoy abusando del móvil. Todo el mundo está en las redes, es algo que te contagia. Intento dejarlo de lado, pero suena, vibra…

Esto se traduce, claro, en una falta de atención total. Una falta de atención que me afecta a mí y a todos mis compañeros, ojo. Nos mandaron desde la academia todos los temas del mes pero es difícil, nos cuesta mucho. Con decir que teníamos simulacro de examen el día 8 y lo han retrasado, o que estamos empezando a centrarnos más en la programación, que es lo que, en un escenario como este, menos nos cuesta…

No es cosa mía, de verdad. Se lo digo a mis amigas, las tres del grupo de Whatsapp, y una me dice que está con la programación; otra que está resumiendo; la tercera que no está haciendo nada. A mi hermano, que está cursando la carrera de magisterio, le pasa lo mismo. No, no es el mejor momento para memorizar.

Más series, menos información

Pese a todo, intento usar el móvil con un fin social. No soy de las que consumen demasiada información. Mi padre sí, pero es algo que desde hace unas semanas estamos cambiando. Por mi formación psicológica intento no caer en la sobreinformación. Al mediodía vemos las noticias y poco más.

Eso no quita que no esté consumiendo contenidos. Me he leído varios libros durante la cuarentena; si no recuerdo mal, Voces de Chernobyl, de Svetlana, Un Cuento Perfecto, de Elisabet Benavent, y la trilogía de La Quinta Ola. Y mucha serie: he terminado Merlí, he visto su secuela y me he puesto con Hierro, protagonizada por Candela Peña.

El último café con mis compañeras de Tecnoszubia

Me he dado cuenta de que ahora todo el mundo quiere hablar, de que todo el mundo le felicita el cumpleaños a todo el mundo. Yo sigo hablando mucho con mis tres compañeras de Tecnoszubia. A veces me quedo pensando en cómo puede ser que nos conozcamos desde hace tan poco, pero nos llevemos tan bien; que seamos tan parecidas.

Nosotras, como he ido contando en páginas anteriores, seguimos al pie del cañón. Con esa foto de principal que nos recuerda las plazas, con esas ganas de volver a tomarnos un café; de compartir un rato entre cervezas. Esta semana me lo decía una de ellas: «¡Si yo hubiera sabido que aquel café era el último que nos íbamos a tomar!»…

¿Cómo estarán los preparadores?

Los miramos con lupa, pero los preparadores también deben estar pasándolo mal. Centeno, este miércoles, estuvo resolviendo dudas personales a algunos compañeros que están ejerciendo y no saben bien qué va a pasar, por ejemplo, con el tema del aprobado general. Ellos siguen pendientes, animándonos, pero todo esto también les ha pillado desprevenidos y es normal que a veces duden; que no sepan por dónde tirar.

A las 20h, al balcón

Y hablando de docentes: a mi padre le han mandado hacer un curso de Zoom. Me hizo gracia cuando me lo contó. Zoom es una app de videoconferencias que permite 120 usuarios simultáneos. Es una muestra de cómo ellos están aprendiendo a marchas forzadas a desenvolverse. Me lo contó en el balcón. Porque, sí, ahora estamos empezando a salir a aplaudir.

Es un giro que viene con sorpresa: mis vecinos, que echábamos de menos, han pasado el virus. Era un matrimonio y, después de un tiempo, hemos vuelto a saber de ellos. No sabíamos nada, pero están bien. Así que ahora, por fin, tenemos compañeros de ovación. La felicidad, durante la cuarentena, quizás esté en tener a alguien con quien aplaudir.

Y después de los aplausos…

Si hay algo que, después de todo, de la cuarentena, de los aplausos, de los aplazamientos, me quita el sueño, es el trabajo. Mi situación actual me obliga a buscarme un trabajo dentro de poco. Pero yo siempre he estado vinculada a la hostelería y no sé cómo se van a conjugar las previsibles medidas de distanciamiento social con ir a una cafetería.

La incertidumbre está ahí, de nuevo. Me preocupa, otra vez, que las condiciones laborales para los jóvenes sean pobres. No salimos de una y nos metemos en otra. Ayer lo leía: somos la generación del casi. Vale, que yo siempre he tenido capacidad de adaptarme a cualquier circunstancia, pero cuando te estás preparando, estás luchando por algo, viene esto, que es una circunstancia de fuerza mayor, como cuando empecé la carrera, que vino la crisis. ¿Tendremos alguna vez un trabajo relacionado con lo nuestro?

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