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Tendencias educativas 2021: la tecnología se asienta y se revisa la relación entre familia y escuela

El Anuario de la Educación 2021 del portal especializado en Educación Magisnet recoge una serie de tendencias que nos parecen especialmente interesantes: no sólo son fruto de la pandemia, sino que subrayan la incidencia de las dificultades tecnológicas que todavía atraviesan muchos hogares o el asentamiento de una movilidad híbrida de escolarización que, debido a las causas que todos conocemos, alterna la realidad en el aula con la dinámica doméstica.  Además, nos llama la atención cómo todo lo que estamos viviendo ha convertido a las familias en actores protagonistas en lo que respecta a las políticas educativas.

La relación entre familia y escuela

Comenzamos, precisamente, por aquí. Leemos en el anuario que «Una consecuencia del confinamiento provocado por la pandemia es que de repente las familias se convirtieron en un actor protagonista del hecho educativo al ser el hogar el espacio de aprendizaje». Así, se analiza cómo esa transición abrupta de la escuela a casa aumentó ciertas desigualdades escolares y evidenció las diferencias formativas de los progenitores y cómo estas influyen en la formación del alumno.

De esta forma, expresa el texto, «Hay que contar con las familias, no solo como agente promotor sino también como receptor de las políticas educativas. Al ser tan influyentes, mejorar sus tareas educadoras impactan notablemente en una Educación de mayor calidad».

Realidad virtual, programación…

Los cantos de sirena que alertan de la importancia de incluir en los currículos ciertas competencias tecnológicas o valerse de algunas innovaciones para que las clases sean más fructíferas son todavía más teoría que realidad. En el Anuario recuerdan la importancia de la Programación («La alfabetización del siglo XXI») como una de las claves. Entre otras cosas, porque, explican, «Maximizaría el rendimiento escolar ya que mejora las aptitudes en matemáticas y en la lógica, además de ayudar a mejorar la comprensión lectora. También desarrolla el pensamiento crítico y habilidades para resolver problemas, así como la capacidad para enfrentarse a grandes problemas descomponiéndolos en una secuencia de dificultades más pequeñas y manejables en cualquier tarea».

Y, por supuesto, en la ecuación debemos incluir a la empleabilidad: «Desde el punto de vista de su futuro profesional, los países de la UE tienen una creciente demanda de programadores
para cubrir puestos laborales relacionados con el sector tecnológico», sentencian.

¿Y qué hay de la Realidad Virtual?

Esta tecnología permitiría poner en marcha experiencias más inmersivas que posibiliten que el alumno tenga una «atención total» y «asimile los conceptos de forma más eficiente». Así, el valor de la imagen, que se maximiza con esta tecnología, radicaría en el hecho de que los estudiantes recuerden mejor, por más tiempo y con mayor claridad.

Alumnos digitalmente responsables

Lejos queda ya aquello de «crear nativos digitales multitarea» y más cerca se nos antoja el hecho de hablar de los riesgos de Internet. Por eso, desde Magisnet alertan de la necesidad creciente de formar alumnos digitalmente responsables. Ya sabemos que van a crecer rodeados de tecnología y que su soltura en el uso de los dispositivos va a ser suficiente, en la mayoría de los casos. Así, es momento de «utilizar los medios digitales para su desarrollo positivo y que, al mismo tiempo, contribuye de manera activa al bienestar de las personas con las que se relaciona online».

Para conseguirlo, es fundamental construir padres y docentes responsables. Sobre estos últimos, el texto explica que «un docente digitalmente responsable es aquel que en el marco curricular y hasta donde le alcancen las posibilidades, procura medios para que su alumnado desarrolle las competencias necesarias para su pleno desarrollo personal y digital«.

Repensar los espacios y entornos de aprendizaje

La Arquitectura educativa, las clases y su entorno, se sometieron a análisis por razones inherentes a la pandemia de coronavirus, como mantener la seguridad de alumnos y docentes. Más allá, la comunidad educativa se ha fijado en la tendencia de aulas cada vez más abiertas y colaborativas. Un buen ejemplo es el proyecto Smart Classroom Project, que surge en Barcelona fruto de la necesidad de repensar los espacios de aprendizaje necesarios para llevar a cabo las nuevas metodologías educativas y sobre todo para ofrecer un bienestar físico y emocional a todo el que haga uso.

Un equipo de investigación, el de Smart Classroom Project, que asesora a centros sobre el conocimiento compartido y la necesidad de repensar los espacios educativos: «Los materiales, la acústica, la tipología de elementos necesarios en un aula, las configuraciones generales del espacio para que respondan a diferentes metodologías, el funcionamiento de elementos incluidos en
los primeros trabajos…todas estas configuraciones influyen a la hora de conseguir los objetivos de cada centro»

 

 

 

 

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