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«El día que supe que la plaza era mía» (V) | «Es importante que te corrijan los bulos que salen en Internet»

Manuel Espinosa llega a la entrevista eufórico; luce una llamativa camisa blanca y no para de reír. Desde el principio nos habla de la docencia como de su vocación: «Siempre tuve muy claro que me quería dedicar a ello, desde que terminé la carrera. Estuve haciendo un máster el año pasado y quería estar en la educación publica: creo que es el futuro». Ahora, para él, es el presente: durante estos días comienza sus prácticas como maestro de Francés.

«El día más feliz de mi vida»

Ha obtenido plaza en francés sacando un 8,37 de media. Y no se anda con ambages para describir lo que sintió cuando le comunicaron que era funcionario en prácticas: «Aún no me lo creo, ha sido un año muy difícil, muchas idas y venidas. La familia, amigos…todos estaban muy contentos, cuando vi la plaza hubo un cúmulo de risas, llantos, los pelos de punta, frío y calor, revisar si lo has visto bien o te has equivocado…fue el días mas feliz de mi vida».

Se lo ha sacado a la primera, tras un año de estudio en el que ha sido consciente de la necesidad de estar en una academia para opositar. Ya lo intuía cuando decidió matricularse: «Vine a Tecnoszubia porque tenía familiares y amigos que no paraban de recomendármela». Y se terminó dando cuenta de que, más allá de la retroalimentación y de esas directrices que puedan ofrecer los docentes de Tecnoszubia, el opositor tiene que luchar, junto con los preparadores, contra una lacra especialmente dañina para el proceso: «los bulos de Internet: hay que saber qué es verdad y qué no».

¿Un correo el día 1 de enero?

Manuel habla maravillas de sus dos preparadores de la especialidad de Francés, Juana y Manolo: «La capacidad que tienen para transmitir calma…es muy importante tenerlos ahí. Además, siempre han sabido meternos caña, la metodología ha sido muy buena».

Para muestra de su importancia, narra una anécdota con uno de ellos; «Era el día de año nuevo, por la mañana, en uno de esos días en los que parece que no existiera el mundo. Y pese a todo, Manolo nos envió un correo a todos y a mi me corrigió un ejercicio…algo que me motivó el doble. Observarlo al pie del cañón ese día me hizo ver que no estaba solo;  supe que la plaza iba a ser mía».

 

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